Cuando acabaron las jornadas, con algunos de los asistentes hice unas sesiones de coaching grupales más prácticas sobre los temas que habíamos visto.
Para que no todo fuese teoría.
Para que lo que habían visto lo pudieran poner en práctica.
Eran 10 o 12, no recuerdo exactamente.
De hecho, creo que alguno sigue en esta lista… ¡Saludos!
Lo que sí recuerdo es que, por un lado, eran como los empollones de la clase: se lo sabían todo.
O al menos, se sabían toda la terminología.
Modelo de negocio, propuesta de valor, canales de comunicación, prospección.
Lean Start up.
Canvas.
Desarrollo de clientes.
Producto mínimo viable.
Todo, oye.
Vale que habían leído los libros que se espera de alguien que está en “emprendimiento”.
Vale que habían asistido a todas las jornadas habidas y por haber sobre “emprender”.
Pero parece que creían que son palabras mágicas.
Como Abracadabra.
Que lo dices y pasa algo.
Se abre una puerta, o se descubre un tesoro, o se enamora de ti la persona que quieres.
No hay más que decirlo y ya está.
Pues va a ser que no.
Por muchos libros que hayas leído, por muchos términos que te sepas.
Si no estás dispuesto a poner en práctica los fundamentos, es como el que quiere jugar al baloncesto, pero no sabe botar la pelota, ni tiene puntería tirando.
Da igual la de libros de teoría se haya leído, la de jugadas de estrategia que se conozca, las horas que se pase viendo la NBA.
No sabe.
Y no sabe que no sabe.
Mi opinión, que igual te interesa o igual no, es que está bien estudiar.
Pero tener un negocio es, sobre todo, hacer.
Poner en práctica lo poco o mucho que sepas.
Ponerlo en práctica ya.
Hoy.
No mañana.
Darte de golpes, levantarte y seguir.
Y no, acumular teoría y terminología.
Poner en marcha un negocio que sea rentable no es como sacarse un doctorado en ingeniería de materiales, como se sacó mi mujer.
Lo puede hacer cualquiera, casi.
Lo del negocio, quiero decir. No lo del doctorado.
No tiene que ser brillante.
No tiene que ser muy trabajador.
No tiene que ser muy creativo.
No tiene que ser muy innovador.
Vamos que si lo es, mejor para él o ella.
Y probablemente mejor para el negocio.
Pero no hace falta.
No es imprescindible.
Lo que sí es imprescindible es que sea alguien que está dispuesto a hacer lo que el negocio requiere.
Independientemente de si le apetece o no.
De si le gusta o no.
De si preferiría no tener que hacerlo o no.
De si siente que está preparado o no (nadie lo está).
De si tiene la idea de que no tendría que ser así.
Y este es el otro lado.
Por un lado se sabían toda la terminología, y por el otro, ninguno había conseguido que su negocio funcionase.
Así que cuando comenzábamos, les pregunté a cada uno lo siguiente:
Imagínate que vengo a ver si me interesa invertir o incluso comprarte tu negocio (no hace falta que quieras venderlo, es sólo para el ejercicio).
Explícame tu modelo de negocio.
Y comenzaban a dar vueltas. A hablar de los modelos de negocio. A hablar de su producto…
Pero no había manera que me contasen SU modelo de negocio.
Ok. Cuéntame tu propuesta de valor.
Somos una peluquería canina.
Ok, y ¿cuál es tu propuesta de valor?
Pues si traes a tu perro, sale peinado y super guapo.
Ya. Más o menos como en todas las peluquerías caninas, ¿no?
Ya pero la nuestra es diferente.
¿Ah sí? ¿Por qué?
Porque somos gente a la que le gusta mucho los animales
… y así…
Y esto me ocurre también con gente que lleva más tiempo con su negocio.
Pero siempre con negocios que no acaban de despegar.
Como que sí, pero no.
A lo que me dedico es a ayudar, a los que ya están hasta las mismísimas de seguir en ese que sí, pero que no, a que esto deje de ser así.
A que después de trabajar conmigo tengas un negocio mucho más sólido, y que puedas llevarlo hasta dónde quieras.
Probablemente, cuando acabemos, te olvides de cuánto no sabías antes y puedas pensar que el resultado de lo que hicimos se podría haber producido sin nuestro trabajo.
No importa.
Por eso cobro por hacerlo.
Si buscase que fueses a ser mi amigo de por vida, y me estuvieses eternamente agradecido, igual no cobraba tanto.
Pero lo importante es que las probabilidades de que tu negocio vaya mejor si trabajamos juntos son altísimas.
Por que yo no te voy a dejar escaquearte, ni que te cuentes milongas, ni que hables de modelo de negocios en plan “genérico”.
Sino que te voy a pedir que describas el tuyo y lo revisemos para ver cómo mejorarlo.
Y si no sabes describirlo (y pocas personas saben cuando empezamos a trabajar), entonces hablaremos de modelos de negocio para que puedes describir y definir el tuyo.
Y ver dónde necesita retoques y mejoras, para que te pueda dar dinero.
Y lo mismo con tu propuesta de valor. Y lo mismo con tus canales de comunicación. Y lo mismo con tus márgenes de beneficio. Y lo mismo con tu sistema de generar clientes.
Vamos, que dejaremos de dar vueltas, e iremos al grano.
Si lo que quieres es que tu negocio sea una entidad más sólida y rentable, puedes solicitar una entrevista exploratoria aquí y rellenar el formulario.
Sólo si estás dispuesto a abandonar excusas e invertir en tu futuro.
Si prefieres vivir con las excusas de por qué no va la cosa como podría, está bien también.
Si quieres seguir “intentándolo”, en lugar de ponerte a hacerlo, también está bien.
Pero entonces no podremos trabajar juntos.
Cada uno vivimos como decidimos.
O al menos decidimos con qué auto-mentiras queremos vivir y con cuáles no.
Es igual de fácil decidir que mi “auto-mentira” es la de ser muy trabajador, y que me esfuerzo mucho, pero la vida no está siendo justa conmigo, que decidir que mi “auto-mentira” sea que soy una persona exitosa y voy a lograr tener un negocio que me permita vivir con holgura, comodidad y me de tiempo libre.
Son dos auto-sugestiones.
Ninguna tiene por que ser cierta de inicio.
Ya sabes que la mente no diferencia demasiado lo que hacemos de lo que imaginamos.
Como tendemos a hacer realidad la idea que nos hacemos de nosotros mismos, el resultado en tu vida dependerá de cuál eliges alimentar.