O más bien el email va a ser más breve.
¿Quieres saber lo que le pasa a tu negocio?…
Bueno, en primer lugar, ¿le pasa algo a tu negocio?
Porque igual me estoy pasando de listo y a tu negocio no le pasa nada.
Todo bien, gracias.
¿Va tu negocio como querías que fuera cuando comenzaste?
¿O te has acostumbrado o resignado?
Si va como querías y te da todo el dinero que quieres y el tiempo libre que quieres.
Si te deja vivir la vida de libertad y sentido a la que aspirabas cuando pusiste tu negocio, entonces no le pasa nada a tu negocio y, además, te felicito.
Sinceramente.
Formas parte del 10% del 10%.
Ya sabes, el 90% de los negocios fracasan en los primeros 3 años, y el 90% de los que no se hunden, se pasan la vida penando.
Sin hundirse, pero sin despegar.
Así que si tú has conseguido que tu negocio te dé la vida que quieres, felicidades.
Aunque, en realidad, me pregunto entonces qué haces perdiendo el tiempo leyendo esto.
Pero si tu negocio no te da lo que quieres.
El dinero que quieres.
La tranquilidad que quieres.
El tiempo libre que quieres.
La satisfacción que quieres.
El futuro que quieres.
Entonces sí te puedo decir lo que le pasa a tu negocio…
TÚ
Lo que le pasa a tu negocio eres tú.
Sin ninguna duda.
Y desde fuera se ve con toda claridad, perdona que te diga.
Y lo vas a ver tú también.
Hace años estuve colaborando con un hombre que se dedicaba a desbravar potros.
Sí. Caballos jóvenes a los que nadie había aún montado.
En la época en la que colaboré con él íbamos a varios lugares, hípicas normalmente, donde él daba unas charlas o incluso un curso.
Sobre caballos.
Sobre cómo manejarlos.
Sobre como tratar con ellos.
Pero el verdadero gancho de este hombre estaba en que lograba desbravar un potro en una mañana.
En realidad en unas horas.
Es decir, un caballo que nadie había montado y no se dejaba montar, ni, en algunos casos atrapar para poner la cabezada, en un par de horas, estaba subido él al caballo, y a partir de entonces el caballo nos seguía como un perrito.
Casi siempre era él el que se subía primero, porque era el que sabía.
Sabía mucho.
Mucho no.
Muchísimo.
Sobre caballos.
Así que yo hacía lo que él me decía, sabiendo que si seguía sus instrucciones, estaba a salvo.
Total confianza.
Ahora, su negocio no iba demasiado bien que dijéramos, a pesar de todo lo que sabía y lo bueno que era.
También había puesto un restaurante, con muy buena intención.
Tampoco iba bien.
Anteriormente, había puesto otro negocio.
Tampoco había ido bien.
El caso es que él sabía que yo tenía experiencia en negocios.
De hecho, pasaba mucho tiempo con él haciendo esto de desbravar potros, mientras mi negocio seguía funcionando, claro.
Mi negocio generando clientes y dinero, mientras yo aprendía a desbravar potros con él.
Eso le admiraba.
Me proponía de vez en cuando que nos asociásemos para otro negocio que tenía en mente.
Un día comiendo un churrasco en su restaurante, volvió a sacar el tema.
Así que finalmente le dije:
Imagínate alguien que tiene un potro y no consigue que le salga bien.
Y el siguiente potro que compra tampoco.
Los potros no son buenos, dice.
Se compra un tercer potro.
¿Cómo le va a salir?
“Mal”, me contesta.
"El problema no es el potro. Es la persona. Es obvio."
Pues eso.
Has tenido tres negocios y ninguno te ha ido bien.
Sería una locura asociarme contigo.
Cuando tengas un negocio que vaya bien, lo podemos hablar.
Si. No le cayó muy bien.
No fui muy delicado.
Pero es que un negocio es muy importante en la vida de uno.
Perder un amigo es muy triste. Mucho.
Perder un negocio te puede meter en una tumba en vida de la que quizá no salgas el resto de tu existencia.
Y afecta a toda tu familia.
Y a la familia de los empleados que tengas.
Es algo serio.
Además de saber mucho de caballos, él no incurría en el error que hace mucha gente: buscar un socio para repartirse el trabajo.
Buscaba asociarse con alguien que supiese de negocios.
En el fondo, sabía que la dificultad era él mismo (en el negocio, claro, en lo de los caballos era insuperable).
Pues eso.
Lo que le pasa a tu negocio, eres tú.
¿Aún no te lo crees?
Sólo tienes que imaginar que, por “hobby”, Amancio Ortega o Ana Botín se ponen al mando de tu negocio.
¿Dónde estaría tu negocio en un año o en dos años?
Mientras ves si consigues que Amancio o Ana se pongan al teléfono o te contesten al email, te cuento que a lo que me dedico es a ayudar a pequeños empresarios a dejar de ser el problema en su pequeño negocio.
Pero para eso necesitas estar convencido de que no es que te falta una clave aquí o allá.
O un secreto que en cuanto lo descubras todo cambiará.
Necesitas darte cuenta de que el “pasivo” de tu empresa, eres tú.
De que se trata de que no ves las cosas con la claridad que necesitan.
Y de que has de convertirte en el “activo” más importante.
De hecho, eres el activo más importante de tu pequeño negocio.
Pero no en el sentido de que eres quien más trabaja.
No.
En el sentido de que eres el alma del negocio.
El espíritu.
Quien lo puede hacer crecer.
Pero si estás tan ocupado “haciendo” que no tienes tiempo de observar, ver, decidir, planificar.
Entonces, no estás en tu lugar.
Y tu negocio te necesita.
En tu lugar.
Lo que le pasa a tu negocio eres tú.
Al final no ha sido tan breve.
Vaya.