(Cada cierto tiempo abro la incorporación de nuevos clientes. A final de mes, voy a cerrar esta ventana de incorporación, porque es un proceso bastante intenso y estaré poniendo en marcha un nuevo curso, además del curso de ventas que estamos haciendo, y que por cierto está
yendo muy bien. El día 31 se cierra esta ventana.)
Y ahora, el mail...
Javier y yo íbamos de vez en cuando a hacer rutas en moto.
Lo conocí en un concentración de motos "custom" en Alhama de Murcia.
Por si no lo sabes, las motos "custom" son las tipo Harley Davidson y las que las imitan.
Javier era de esos que van a las concentraciones de motos "custom" con su moto japonesa de carretera…
Rodeado de tíos con tatuajes y vestidos de cuero, intentando asustar a las viejecitas del pueblo, y él con su mono de diseño.
Y su sonrisa medio embarazosa.
Pero no era que quisiera ser disruptivo, no.
Es que no se enteraba.
Pero era buen tío.
Fue parte del grupo que fuimos en moto desde Madrid a Estambul, pero esto es historia para otro día.
Para varios días.
También era un poco cabezón.
Cuando le llevabas la contraria en algo, en lugar de ver si podías tener razón, solía contestar: “No hay más tonto que el que no quiere entender”.
El caso es que un día lo invité a comer a casa y, en la cocina, mientras yo preparaba un arroz de verduras, me dice ¿vas a cocinar pepino?
¿Pepino?, ¿Qué pepino?
Me señala el calabacín que yo estaba cortando.
Esto no es pepino.
Eso SÍ es pepino, me contesta.
Pero bueno, le digo, si estoy cocinándolo y preparándolo, y lo he comprado yo, ¿sabré yo si es pepino o no?
¿Ah, no? Pues si no es un pepino, ¿Qué es?
Y se me queda mirando con cara de decir “a ver qué dices ahora, listillo”.
Curiosamente no me dijo lo del tonto que no quiere entender.
Un calabacín.
¿Calabacín? ¿Eso que es?
Pues esto.
Ah... Pues no había visto uno en mi vida.
¿¿Pero tú no cocinas nunca??
No. Cocina mi tía, y yo no entro nunca en la cocina.
Era su tía de verdad, no que llamase “tía” a su pareja.
Con casi 40 años, y vivía con su tía… nunca quise investigar por qué.
Hay cosas que es mejor no saber.
¿Y entonces a qué narices insistes en que sabes lo que es?
No sabía, y además no sabía que no sabía.
Cabalito, cabalito, como dicen en el pueblo de mi mujer.
Cabalito que los pequeños empresarios.
Que trabajan como condenados, haciendo todo lo que creen que tienen que hacer (la mayoría de las veces).
Sin ver que por ahí no es.
No ven que por ahí no es.
Y no ven que no lo ven.
Aunque podrían, bien pensado.
Si pones un negocio para que funcione y te vaya bien, y años después sigues trabajando más horas que si estuvieses intentando rebajar una condena.
Si han puesto un negocio para dar sentido a su actividad, una dirección hacia el objetivo de que el negocio les permita vivir como quieren, pero se ven constantemente corriendo de acá para allá, apagando fuegos.
Si ponen un negocio para tener “futuro” o “miras” y después de años siguen ganando menos de lo que podrían ganar a estas alturas trabajando por cuenta ajena, trabajando más, muchas más horas, y no pudiendo desconectar por completo nunca.
Si algo de esto les pasa.
O todo.
Podrían pensar que igual hay algo que no saben. O que no ven.
Que no se trata de seguir empujando por la dirección en la que llevo años.
Mira.
Un negocio crece y se desarrolla, de manera más o menos lineal, si haces lo que tienes que hacer.
Así que,
Si no estás creciendo de año en año.
Si no estás teniendo más beneficios de año en año.
Si no estás teniendo más tiempo libre de año en año.
Es muy probable que no estés haciendo lo que tendrías que hacer.
¿No te parece?
Y como no me cabe ninguna duda de que si supieras lo que hay que hacer, lo habrías hecho.
Entonces se trata de algo que no ves.
Y si, a pesar de eso, sigues en la dinámica del esfuerzo, de seguir intentándolo, de esperar un poco (¿cuánto?) más.
De que hay que hacer más de lo que no está funcionando.
Entonces el problema no sólo es que no ves (que también), sino que no ves que no ves.
Si esto te suena y ya quieres romper el patrón.
Si quieres dejar de sentir “qué trabajador eres” y empezar ver resultados contantes y sonantes.
Si quieres ver cómo puedes comenzar a girar la nave en la dirección que quieres, igual podemos trabajar juntos.
Por que a eso es a lo que me dedico.
A ayudar a gente como tú a dejar de seguir haciendo lo que no funciona - por lo visto en los resultados - y comenzar a hacer lo que sí funciona.
Y lo verás en los resultados.
Para ver si puedes trabajar conmigo te voy a pedir que rellenes un formulario y conciertes una cita.
El formulario es muy importante, tanto que la cita no se cierra sin el formulario.
Además de otras cosas te pregunto sobre el tiempo que llevas con tu negocio, o actividad por tu cuenta.
Si no llevas al menos unos 2 años, no podemos trabajar juntos.
Por lo menos aún no.
No sé si tu producto es viable.
Y no sé si tienes persistencia y aguante.
Pero si llevas más de 2 años intentando salir adelante con tu negocio, y aún no has tenido que cerrar, sí sé esas dos cosas de ti:
Tienes un producto viable y tienes perseverancia.
En tal caso, es posible que pudiéramos trabajar juntos.
Sólo si los dos queremos, claro.