Cuando tenía veintipocos años, me comenzó a “clarear” el pelo - como se
decía.
A los 27 ya no era clarear, era que casi sólo se veía cráneo.
Tenía una mente totalmente "despejada".
En el ínterin, a veces algunas personas me decían: “¿Has probado este producto para el pelo?
El que fuera, porque iban cambiando.
No sé por qué pero recuerdo aquellos años como unos en los que los anuncios de estos productos eran muy comunes.
Un tal Minoxidril era muy popular.
Casi siempre suponía ponerse un mejunje en el pelo y dejárselo por la noche, o por el día.
El caso es que yo contestaba siempre: “¿Por qué? ¿Te parece malo que se me caiga el pelo?”
"No, no!!!" Contestaban apresurados.
“Entonces, por qué me dices que me ponga eso?”
Nada, hombre nada. No te lo tomes así, era solo por… decírtelo.
Lo más más fue cuando trabajaba de guitarrista en un ballet flamenco y el que lo llevaba un día me sugirió, a modo personal, y en un apartado discreto, que me pusiera un peluquín.
Que ahora los hacían muy buenos, me dijo, y “casi” no se notaban.
Otra alma bienintencionada me propuso que me dejara el pelo más largo en un lado y peinármelo hacia arriba (lo decía haciendo el gesto de pasarse la mano por la cabeza) y así se tapaba un poco.
Con el viento que hay en Madrid, imagino que además habría que pegárselo, porque si no en cada bocacalle iba a parecer un anuncio de película de terror con unos pocos pelos largos flotando en el aire.
Minoxidril, dejarte el pelo largo y peinarte cubriendo la calva, ponerte un postizo… esto me proponían gente que me apreciaba, que tenían mi bienestar en mente.
Al principio, no lo entendía.
¿Por qué no me dejaban en paz?
¿Le decía yo que conocía una dieta muy buena para que dejase de ir por ahí con esa barriga?
Lo entendí más tarde.
Cuando conocí a varios chicos de edad similar que estaban con una depresión de caballo porque se les estaba cayendo el pelo.
Pero deprimidos, de verdad.
Casi sin ganas de salir de casa.
Por supuesto, ni hablar de acercarse a una chica.
Completamente avergonzados de su situación capilar…
La debilidad capilar, parecía que se les había contagiado a su psicología.
Y ahora simplemente no se atrevían a salir.
Hay que recordar que en Madrid, por lo menos, por aquél entonces, la actividad más importante para la gente de nuestra edad era salir y ligar.
Así que era una catástrofe empezar a quedarte calvo…
¿O no?
Yo, por aquel entonces, estaba muy enganchado con lo japonés y, particularmente, con los samurais.
Aún tengo algún libro de samurais por ahí.
Había practicado yudo y karate, pero sobre todo hacía aikido, que es el arte marcial que más me ha gustado siempre.
Y el que mantiene un poco la imagen más cercana a lo que podría ser un samurai de “entonces”.
Y tomaba té verde japonés.
Ya ves, sin duda, a dónde voy.
El caso es que las imágenes que yo tenía en mi cabeza de quiénes eran mis héroes, a quiénes quería parecerme inconscientemente, todos, todos eran calvos o con el cabello afeitado y una coleta.
Empecé a llevar coleta, a pesar de estar bastante calvo, cuando no era nada habitual (finales de los 80).
Así que a mí, no sólo es que fuese capaz de sobreponerme al “disgusto” de que me quedaba sin pelo. Es que no había disgusto.
En mi mente me veía como un samurai, y los samurais eran calvos.
Más samurai, imposible.
Los otros muchachos tenían una autoimagen cuyo valor tenía asociado tener pelo. A raudales. A mansalva.
Cuanto más pelo, más masculino.
Cuanto más melena, más ligón.
Curiosamente, lo que en el fondo todos temían, que las chicas no les hicieran caso y no poder ligar, ni se me ocurrió, ni me ocurrió.
Nunca he visto mi vida afectiva afectada por esto.
Quizá por que igual no tenía tanta importancia para las chicas.
Quizá por que como no escondía y hasta lo resaltaba, esto resultaba atractivo.
O quizá porque como hay gustos para todos, a las que sí les gustasen los calvos, se tenían que conformar con los pocos que se atrevían a salir.
Moi, por ejemplo.
A lo que voy
La perspectiva que tienes sobre ti, sobre quien eres, y sobre de qué va tu vida define cómo interpretas cualquier cosa que te pasa o que tengas que hacer.
Tu mentalidad.
Lo que llaman ahora el “Mindset”.
En eso de ser atractivo para otros, la seguridad, la confianza, la autoestima tienen mucho más que ver, que si mides 1,68 o 1,86, o si pesas 70kg o 98kg.
La autoimagen y cómo domina lo que pensamos (la perspectiva mental que nos da), cómo nos sentimos y lo que hacemos o no hacemos es clave en el mundo de los pequeños negocios.
Para poder actuar como requiere el negocio, necesitas identificarte como empresario o empresaria.
Tener una autoimagen de ti como tal.
Esto te dará la perspectiva adecuada para interpretar las situaciones desde donde necesitas verlas.
Cómo no solemos ir por ahí sin una imagen propia, si no tienes una imagen positiva de ti mismo como empresario, la tendrás como algo diferente.
Estarás identificado con alguna otra identidad.
Por ejemplo, como profesional, o como muy “currante”, o como “esforzado”.
Y esta idea que tienes de ti mismo es la que dicta qué sí haces y qué no.
Así que, no es de extrañar, cuántas personas que tienen un pequeño negocio están desbordados porque “trabajan” mucho y sin embargo su negocio no acaba de despegar.
Si te interpretas como “muy currante”, esto es lo que normalmente obtendrás de tus esfuerzos: “currar mucho”.
No están haciendo cosas que tendrían que hacer.
El tiempo que tienen lo dedican a otras cosas, que en el fondo tienen que ver con como se interpretan a ellos mismos.
No con lo que el negocio necesita.
Y lo que el negocio necesita para poder crecer, queda relegado.
Postergado
Pospuesto
Abandonado
Es decir, que a pesar de cuanto “curran”, el negocio no acaba de despegar, porque no se ponen con lo que deberían hacer.
¿Y por qué no se ponen?
Por que la imagen que tienen de ellos mismos, su mentalidad, se lo impide.
Si esto te suena y crees que te ayudaría el tener más claridad respecto a tu papel y a qué tienes que hacer en cada momento, quizá esto te pueda interesar.
En breve arranca una nueva edición del programa Mindset Emprendedor.
Un programa de coaching en grupo que está pensado para ayudarte de implantar y desarrollar la mentalidad que más te puede ayudar con tu pequeño negocio.
La imagen de ti más adecuada para alcanzar tus metas.
A que abras algunas puertas y puedas tomar conciencia de qué te está deteniendo.
A que puedas ver qué puedes hacer, y cómo desarrollar una mentalidad que te sea lo más beneficiosa posible.
Para ti y para tu negocio.
Si tienes tanto que hacer en tu pequeño negocio que te sientes desbordado, pero a pesar de ello no consigues que acabe de despegar.
Si no acabas de tener claridad sobre lo siguiente que tendrías que hacer.
Si no logras acabar los proyectos que comienzas o te pones sólo a última hora.
Quizá este programa de coaching en grupo te pueda interesar.
Si quieres más información, aquí puedes pre-inscribirte y te avisaré cuando se abra la inscripción.