Me estaba acordando el otro día de la historia de una chica que se tatuó, por amor, el nombre de su amado.
No se lo tatuó en un brazo, como hacían los marineros antes, con el nombre de su esposa.
Que digo yo que como pasaban tanto tiempo fuera (meses, a veces años), quizá fuera para no olvidarse de cómo se llamaba su mujer.
Ella no se lo tatuó en un brazo, no.
Se lo tatuó en una parte que no se ve habitualmente.
Que sólo se suele ver en momentos muy íntimos.
Aquello no salió bien - la relación quiero decir, no el tatuaje -, y me queda la impresión de que no fue porque ella no estaba comprometida.
El caso es que cuando cambió de amado, el nuevo tenía que ver el nombre del otro en los momentos íntimos...
Seguro que no era muy agradable.
Este es el precio que uno está dispuesto a pagar cuando tiene algo muy claro.
A lo que voy es que la chica lo tenía muy claro y esto era una declaración de intenciones.
Es decir, la posibilidad de que la relación no vaya bien y estar dispuesta a asumirlo.
Cuando le comenté a mi mujer esta historia, me dijo que la chica había metido la pata. Y, desde un punto de vista, tiene razón.
Si la chica quería parecer que antes del nuevo amado nunca había... roto un plato, entonces sí, claro.
Pero desde el punto de vista de manifestar un compromiso decidido, no era un error.
Se manifestaba totalmente comprometida con la otra persona.
Totalmente comprometida con la relación.
En las relaciones, cuando uno se compromete de verdad, todo cambia.
Y esto sólo lo sabe quiénes lo han hecho, claro.
Mientras estés en una especie de limbo de "a ver que pasa" - que puede durar años y años - te puedes decir a ti mismo que lo de casarse, por ejemplo, es sólo papeleo.
Y que los papeles no definen el amor. Etc.
Ya.
Pero el momento en el que lo haces, todo cambia.
Y algo en ti te lo avisa y por eso muchos nos ponemos excusas durante años.
Manteniendo una relación que ni va p'alante, ni va p'atrás.
Una especie de temporalidad permanente.
Ni chicha, ni limoná.
Igual pasa en tu negocio.
Igual de comprometido necesita que estés.
Con tu papel en el negocio.
Y no andarte con medias tintas.
Con que estás muy ocupado.
Tu papel es crear y hacer crecer el negocio.
Si no lo haces tendrás un negocio que no va ni p'alante, ni p'atrás.
Muy ocupado, pero sin avanzar concretamente.
Sin llegar a ningún sitio.
Así que te sugiero que te tatúes esto:
Mi producto es el negocio
Así, tatuado en la frente.
O donde a ti te parezca, pero que lo veas a menudo.
O donde lo vea el siguiente que quiera venir a entretenerte.
Así que cuando te pregunten ¿Cuál es tu producto? la única respuesta posible para ti sea:
Mi negocio...
Otra cosa es el producto que vende tu negocio, claro.
Pero comparado con lo anterior, esto es casi un detalle secundario.
Y si haces eso todo cambiará.
¿Te cuesta? Es normal.
Llevamos toda la vida haciendo como si… y ponernos tan claramente en una posición, sin componendas, ni medias tintas, no es algo a lo que estamos acostumbrados.
Porque ¿Qué pasa si sale mal? Como le pasó a la mujer del tatuaje…
Pues es un riesgo claro.
Pero sólo aparentemente.
Porque los que lo hacen obtienen resultados mucho mejores.
Infinitamente mejores.
De hecho, es imposible obtener resultados excelentes yendo, así, al tran-tran.
Yendo a medio gas.
A medio gas con lo que tendrías que estar haciendo.
Porque seguro que estás súper-hiper-ocupadísimo con un montón de otras cosas.
Que, oye, también tendrán que ver con el trabajo.
No digo que no.
Pero no con TU trabajo.
Tu trabajo, tu papel en el negocio, es otro.
Así no se puede.
Es imprescindible colocarse en otra perspectiva.
En otra mentalidad.
Si no, estarás toda la vida súper-hiper-ocupado, sin nunca llegar a resultados excelentes.
Y resultados excelentes es lo que quieres. ¿O no?
La perspectiva que traes es la que hace esto fácil o difícil.
Posible o imposible.
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