Bueno, en realidad, debería decir esto en pasado, porque ahora tiene su propio negocio y, claro, está instalada en “gerencia” de manera permanente.
Pero hace unos años cuando estaba “entre trabajos”, como es una conseguidora nata, mientras encontraba un trabajo nuevo se puso a vender.
Vendía un producto para control del peso, creo.
El caso es que el producto se vendía por contactos personales.
Venta directa.
Maricarmen es muy agradable, conecta muy bien con la gente, enseguida establece confianza… en fin, tiene todos los ingredientes para hacer eso - y muchas otras cosas - muy bien.
Pero un día me comentó que lo estaba pasando mal.
Resulta que los productos que vendía no eran baratos. Más bien lo contrario.
Y todo el rato que estaba con el cliente lo pasaba con mucha ansiedad.
Estaba haciendo la presentación y lo único que le venía a la mente era el precio: le iba a parecer muy caro al cliente, no iba a querer comprarlo, cómo le iba a decir el precio…
El caso es que lo pasaba muy mal, y, probablemente, esa energía de ansiedad se transmitía al cliente que - sin querer.
Mientras le estaban contando sobre el producto, se pondría a pensar en el precio (¿Cuánto costará esto?, seguro que es muy caro, ¿me lo podré permitir?).
Si lo que le quieres contar es importante para que se convenza, pero no te está escuchando porque le preocupa el precio, pues no es la mejor situación.
A ver, no es que no vendiera. Es que lo pasaba mal.
Bastante mal.
Ansiedad, miedo, anticipación de qué diría…
Seguro que te suena.
Por ejemplo: a veces te vas de la visita a un posible cliente y te comprometes a hacerle un presupuesto, sin antes haber hablado de dinero (GRAN ERROR, como ya hablamos en un mail anterior).
Probablemente se apodera de ti la misma ansiedad: ¿Le parecerá demasiado caro? O peor ¿Le pareceré demasiado caro o cara? ¿Si le doy un precio más barato, va a pensar que soy mal profesional? ¿O que soy un principiante?
Bueno el caso es que le propuse que hiciese una cosa diferente. Sólo una.
Preguntar lo siguiente en un momento concreto (cerca del principio, pero tras haber superado un fase concreta): Oye Fulanita, no sé a ti, pero a mí a veces me resulta incómodo hablar de dinero.
¿Te importa si hablamos del dinero ahora y luego, sin compromiso, si quieres sigo contándote cómo funciona y lo que puedes conseguir?
Y si no, lo dejamos tan tranquilas y quedamos como amigas.
No recuerdo el impacto que me contó sobre las ventas, porque tampoco es que estuviese haciendo un seguimiento exhaustivo de porcentajes de cierre, pero sí que de repente esa ansiedad desapareció.