Hace años, cuando empecé en el coaching, para que me conocieran estuve participando en diferentes grupos de Networking.
Por entonces, al menos en Madrid, donde yo vivía, estaba muy de moda eso del Networking.
BNI, Networking y Negocios, y otras iniciativas auspiciadas por el ayuntamiento, la comunidad, las cámaras de comercio… Networking por todos lados.
Una de las cosas “positivas” era que la reunión tenía una estructura y no sólo era acercarse a alguien, copa en mano y decir “y tú a qué te dedicas”.
Ayudaba a romper el hielo, por así decirlo.
Además de la estructura te enseñaban una manera de presentarte que, decían, incluía todos los ingredientes necesarios (tu nombre, nombre de tu empresa, público objetivo, lo que hacías, etc.) para que la gente te reconociera.
Se hacía una ronda donde todo el mundo se levantaba, soltaba su “speech” y se sentaba.
Pero... ¿qué pasaba?
Qué todo el mundo sonaba igual.
Cambiaba el nombre, cambiaba la empresa, pero al final era un batiburrillo del que era difícil extraer algo.
Imagínate escuchar a 20 personas decir: “Hola. Me llamo fulanito, de la empresa ACME, nuestro público objetivo son los ancianos zurdos, con síndrome de Diógenes. Les ayudamos
a esparcir mejor las cosas por toda la casa. Si tienes un hueco de tu casa sin algún trasto, llámanos. Nosotros te lo llenamos.
Fulanito, de empresa ACME.”
Uno detrás de otro.
Al final te da vueltas la cabeza.
Acabas recurriendo a lo de siempre.
Si te parece que te cae bien, te acercas a él o ella, con el café en la mano y le preguntas: “Y tú, ¿a qué te dedicas?”
Si pensamos que la idea en marketing es destacar.
No de cualquier manera, claro, pero destacar.
Que se te note.
Que se te recuerde.
Y todos hacemos lo mismo.
Decimos básicamente lo mismo.
Pues es muy difícil destacar, claro.
Y para eso, mejor no ir a las reuniones de Networking (excepto algunas en las que ponían canapés buenos, claro. A esas sí vale la pena ir… quizá).
Si hay una ley en marketing es que no puedes parecerte a otros.
Porque entonces tu cliente en potencia no te va a recordar.
Y, imagino que con la mejor de las intenciones, en estas reuniones se violaba todos los días.
Todos siguiendo el mismo patrón.
Es más fácil.
Es más cómodo.
Pero estás quebrantando la principal ley del marketing.
Diferénciate en la mente de tu cliente.
Si no, serás "indistinguible", "irrecordable".
Y lo que es peor "ABURRIDO".
Y "no ser aburrido" debería ser la regla "0" en el marketing.
A mí me dio por hacer algo diferente.
Preparé un texto que tardaba exactamente 59 segundos en decir - sin ir deprisa ni nada.
Era corto, iba al grano.
Pero no decía ni mi nombre, ni el nombre de mi empresa, ni siquiera decía que era coach.
Sólo hablaba de una cosa.
La cosa que más les interesaba a mis posibles clientes…
Cuando habían acabado las rondas y la presentación que hubiese ese día, a veces me venía gente y me decía: “Oye, me ha interesado mucho eso que has dicho… pero ¿a qué te dedicas? ¿Qué haces?”.
Ese, sabía yo, estaba en mi público objetivo.
Aunque él o ella no supieran exactamente por qué, algo les había llamado la atención.
Algo había hecho diana.
Otros venían y decían: “eso que has dicho del fuego (yo hablaba de apagar fuegos constantemente), no lo he entendido. ¿Te dedicas a prevención de riesgos? ¿O qué era?”
Este, ya sabía yo, no pertenecía a mi público objetivo.
Porque un buen mensaje también sirve para cualificar o para seleccionar.
Si a la persona no le hace “clic” lo que dices, es que no es para ella el mensaje.
Ni la persona es para ti.
No es tu cliente.
Al menos no ahora.
Esto sólo, claro, si tu mensaje está bien preparado.
Si no, da igual lo que digas.
Ni tú sabrás si es un cliente para ti (con el tiempo que te hace perder esto).
Ni la otra persona sabrá si eres para ella (con la de oportunidades que te hace perder esto).
Es decir, afinar tu mensaje es clave.
Claro, para esto tienes que saber bien quién es público objetivo y qué quieren de ti.
Este es uno de los pilares para que puedas llegar, con tu pequeño negocio, hasta donde tú sabes que puedes.
Y finalmente salir de estar constantemente medio asfixiado.
Ahora, si lo has intentado y no acabas de conseguirlo, no te extrañe.
Es normal.
Por un lado es anti-intuitivo, para serte sincero.
Una vez que das con ello, parece tan “de cajón”, que desde fuera no se te ocurre pensar en cuánto puede costar.
Pero no suele salir fácilmente.
He trabajado con clientes de coaching que llevaban más de 10 años en funcionamiento y cuando llegó el momento de aclarar su mensaje comercial, les costaba la misma vida.
Es decir, cuanto más tiempo lleves funcionando con un mensaje diferenciador que en realidad es igual a todos los demás, más difícil puede que te resulte.
Por otro, con toda la información y des-información que hay por ahí, lo raro es que lo hubieses conseguido.
Hoy día todo el mundo tiene su fórmula, todo el mundo opina.
Como los del networking, insisten en que utilices una fórmula que, en principio, sólo les beneficia a ellos.
Porque, claro, había que pagar para ir a estos encuentros.
Casi ninguno de ellos logra sacar adelante su propio negocio. Y se dedican a hacer reuniones de networking. (Hmmm, esto da que pensar ¿verdad?).
Bueno, con esto en mente, estoy preparando una Masterclass donde explico un poco más a fondo, en qué consiste esto del Discurso Comercial, dónde encaja en tu estrategia para darte a conocer y por qué es clave.
Es una Masterclass gratuita, de la que vas a salir con pasos concretos que puedes dar el mismo día para comenzar a tener un mensaje que llame más la atención de tu cliente objetivo.
Y, recuerda, todo, todo, todo pasa porque logres un posicionamiento en la mente de tu cliente.
Para que el día que piense en tu servicio, inmediatamente piense en ti.
La Masterclass será el Martes 7 de junio por la tarde.
Si no quieres perdértela, ni olvidarte, apúntate ahora mismo haciendo clic aquí y te enviamos un recordatorio un par de días antes.
Para que no te lo pierdas.