Depende de en qué estado del proceso estés en cada momento.
Cuando era joven y aún tenía pelo empecé a ir a discotecas.
Preparaba la ropa, cómo iba a ir, a qué hora, dónde.
Como digo, entonces tenía pelo, así que también me pre-ocupaba de cómo llevaba el pelo.
A veces íbamos varios amigos…
Y, una vez allí… pues dependía.
Entonces, como los nervios y la inseguridad te pueden (o al menos a mí me podían), me dejaba impresionar por la seguridad y el aplomo de todos los que estaban allí.
No me daba cuenta de que los demás habían hecho más o menos lo mismo.
Y esa aparente seguridad y normalidad era… pues eso: aparente.
Las chicas estaban todas, qué causalidad, perfectamente vestidas, perfectamente peinadas (o despeinadas, según fuera la moda), perfectamente conjuntadas con los complementos y de manera que parecía que esto fuese lo natural.
Como si siempre estuviesen así.
Como si sólo fuese una casualidad estar en la discoteca a las 12 de la noche este viernes, vestida así.
Luego, dependiendo de los nervios, las miradas, el alcohol que ya llevara, igual me atrevía a acercarme o, en ocasiones, no muchas al revés.
Hasta aquí, todo normal.
Marketing, digamos.
Ahora, siempre puede ocurrir algo diferente.
Recuerdo una vez en un bar nocturno, en la planta baja de un hotel, en Calgary, Canadá.
Hacía poco que me había ido allí - a Calgary, no al bar, desde Montreal, donde vivía.
Tenía 18 años y me había marchado con una familia amiga de mi familia a buscar trabajo en la construcción.
En Calgary había mucha nueva construcción por aquel entonces.
El viaje en coche de Montreal a Calgary nos tomó 8 días, conduciendo 8 horas al día.
Canadá es un país muy grande.
El caso es que con mi primer sueldo de la construcción en Calgary - allí pagan todas las semanas - me fui a tomar algo con un compañero del trabajo y nos metimos en un sitio que nos pareció bien.
Y estando yo de pie, con mi copa en la mano, una chica pasó por mi lado, sin que la viera venir, y sin querer me pisó.
Empezó a disculparse y, como yo era algo pardillo, le dije que no se preocupara.
Ella seguía haciendo esfuerzos por disculparse.
Yo le decía, ya con un poco de broma: "No te preocupes, tengo otro pie…"
Y ella, “Es que me siento mal, además te he tirado lo que estabas bebiendo”… y tras unos segundos me dice, “¿Qué estabas bebiendo?
Se lo dije (aún me acuerdo, era un bourbon que se llamaba Old Fashion, entonces me parecía de lo más "cool") y se fue a por otra copa.
Cuando vuelve con el vaso me dice: “Nos vamos a subir a una habitación unos cuantos porque hay mucho ruido aquí, ¿te quieres venir?”
Eh!!
Pues incluso entonces, no me había dado cuenta de que el pisotón no había sido un accidente.
Sólo me di cuenta la mañana siguiente cuando tomábamos un café.
Pardillo es poco.
Lo que esta chica hizo fue marketing disruptivo.
Algo inesperado que interrumpe el patrón habitual.
Marketing es todo lo que haces para, en este caso, comenzar la conversación con tu público objetivo.
Cómo hacer que se fije en ti.
De manera disruptiva - o no tanto.
A partir de que tienes la atención de tu cliente (o tu presa), ya es ventas. Es decir, desde que me ofreció una nueva copa, la chica ya había pasado a la venta. (Y de esto ya tratamos en el curso de ventas - del que te hablaré pronto, porque quiero lanzarlo de nuevo en
breve).
Preparar un mensaje que coincida con lo que tu posible cliente busca, estar en el sitio adecuado, en el momento adecuado, de la manera adecuada (dependiendo de qué tipo de contenido consume tu cliente, cuándo lo consume, cómo lo consume). Todo esto es
marketing.
Y cómo aprender preparar un mensaje que haga que tu posible cliente te recuerde, una vez que te has puesto delante de él, es de lo que trato en la Masterclass Discurso comercial.
Veremos dónde encaja tu “Discurso Comercial” en toda la estrategia, por qué es clave y cómo puedes articular tu discurso, tus mensajes, de manera que no te
olviden.
De manera que tu cliente en potencia no te olvide.
Lo que te he contado me pasó hace más de 40 años y aún me acuerdo.
Hasta me acuerdo de su nombre: Rhonda.
¿Puedes desarrollar un mensaje que tu cliente recuerde 40 años?
¿O prefieres seguir con “tenemos 324 años de experiencia” y otros sustitutos de contar ovejas para dormirte?
Por cierto, ¿sabes por qué es importante que tu mensaje sea memorable y que tu cliente en potencia no te olvide?
Parece obvio, pero aparte de que esto de que "no te olvide" suena bien, hay ventajas muy concretas - contantes y sonantes - de las que te hablaré en el siguiente email.
Si quieres aprender cómo elaborar un discurso Comercial memorable, puede que te interese la Masterclass “Crear tu Discurso Comercial”.
Puedes apuntarte aquí y saldrás con todo lo necesario para comenzar a diferenciarte de tu competencia.
O, por lo menos, ya no aburrirás a tu posible cliente (como los de los grupos de Networking de los que hablé en el email anterior).
Y eso ya sería una mejora considerable.