No hace mucho, con esto de que ya imparto muchos menos talleres en persona (ya no vivo en Madrid y, además, casi todo es online ahora), me decidí a contratar una persona para “llevarme el SEO”.
Dentro de una estrategia de llevar mi modelo de negocio más a lo “online”.
Hasta ahora no buscaba que la gente me encontrase a través de internet.
Más bien, mi web era una especie de refuerzo.
Una vez que me habían conocido en las charlas o seminarios, si iban a mi web podían leer lo que allí había.
Y conocerme mejor.
Lo que pienso.
Cómo trabajo.
Tengo mucho contenido en mi web - creo que más de 500 artículos escritos a través de los años.
Pero no buscaba que me encontrasen a través de la web.
Ahora, la cosa ha cambiado.
En fin, que me propusieron varias personas contratar un SEO.
Así que me puse a buscar…
Pregunté, Googleé, investigué… pero nada quedaba claro.
Todos los que ofrecían servicios de SEO parecían más o menos lo mismo.
Hice una pre-selección de posibles candidatos, de entre los recomendados, y los que había encontrado, pero tampoco lograba diferenciarlos mucho.
A todos les envié el mismo mensaje.
Básicamente: “Hola, me llamo Juan Antonio Martínez, tengo la web www.xlnscoaching.com y quiero darle una vuelta al SEO. Lo que busco es que sea fácil de encontrar para mis clientes en potencia.”
De los 5 a los que escribí, me contestaron 3 (de los otros 2 nunca supe).
La respuesta de los otros 3 fue algo como:
“Tu web está fatal. Necesitas una auditoría inicial, y luego un trabajo de al menos 3 meses, preferiblemente 6.”
Al margen de que no me quedaba claro cómo sabían que mi web estaba fatal, si no habían hecho la auditoría, si los tres decían que la web estaba fatal, sería que es cierto…
Lo curioso es que cada uno de los tres me daba un precio muy diferente.
Para utilizar números redondos: los tres precios rondaban de 250€ al mes, 450€ al mes y 850€ al mes.
Por, según yo podía ver, exactamente lo mismo.
Todos me enviaban un informe sacado con un programa muy extendido y luego me hablaban de su experiencia, de los programas tan profesionales que tenían.
Como mi fe en la naturaleza humana es (casi) ilimitada, llamé por teléfono a cada uno de ellos y le dije más o menos lo mismo: “Mira, estoy buscando alguien para hacerme el SEO, he reducido los “finalistas” a 3 pero me dais precios muy diferentes. Tan diferentes que entre el
más bajo y el más alto hay una diferencia de casi 350%.”
No les decía si él era el más bajo o al más alto o cuál.
“Estoy buscando un motivo para elegir a uno de vosotros. ¿Qué me dices?”
Vamos, les estaba dando una venta hecha.
“Sí, lo entiendo” me contestaron cada uno. “Yo lo que te puedo decir es que tengo XXX años de experiencia, y utilizo estos programas (X, Y y Z).”
La misma respuesta básicamente de los tres.
Básicamente que “me buscase la vida”.
¿Cómo elegir, ya que había decidido que necesitaba esto del SEO?
¿Echando una moneda al aire?
No literalmente, pero básicamente así fue.
Ninguno me convenció especialmente y, como ya relaté en otro email, al final lo que nos decide es la psicología que cada uno tenemos.
Si somos del grupo de los “Yo no soy tonto”, elegiremos el más barato.
Si somos de la onda “Para mí, lo mejor o nada”, elegiremos el más caro.
Si somos de la banda de “ni chicha ni limoná”, es decir “buena relación calidad - precio” (que me pregunto quién se inventó esto), pues el del precio intermedio.
No porque alguno de ellos me haya encandilado, convencido, persuadido, ni nada de esto.
Sino porque su presentación es de lo más anodina y olvidable posible.
Y esto hace que lo que se ponga al mando sea mi propia psicología.
Incluso en un caso como este en el que el cliente (es decir, un servidor) está pidiendo casi a gritos. “Convénceme de que tú eres la elección adecuada!”
¿Que para qué te cuento esto?
Pues porque todos - todos - los que encontré o me recomendaron cometían el mismo error en su mensaje comercial.
E incluso con la oportunidad de hablar por teléfono con un cliente en potencia, que ya está medio vendido, seguían cometiendo el mismo error.
Y para que te preguntes si a tu posible cliente no le puede estar pasando esto.
Que pasa por delante de ti y nada de lo que le dices le llega.
A ver, tu mensaje, lo que haces, no es para todos.
Pero sí es para algunos.
Si estos que sí son tus clientes pasan por delante de ti (tu web, tus artículos, tus podcasts, etc.), necesitan que les demuestres que tú eres la solución.
En fin, si te interesa desarrollar un mensaje específico y memorable para tu cliente, quizá te interese asistir a la Masterclass “Discurso Comercial Memorable”.
Ahí hablaré de los beneficios de tener un mensaje memorable, claro.
Pero sobre todo hablaré de qué errores evitar, de qué NO debes hablar y saldrás con una estructura para poder montar tu propio Discurso Memorable.
¿Te parece una buena utilización de tu tiempo?