Así llamaba mi padre a “los socios”.
A los socios en una empresa.
Decía que mejor tener la empresa uno solo, pero los socios eran un mal necesario.
Creo que se refería a tener socios si no tienes suficiente dinero.
Aunque mi padre no sabía nada de negocios, creo que había conectado con algo que veo entre los emprendedores a menudo.
En primer lugar, está el tema de los socios: ¿Por qué y para qué buscan socios los pequeños empresarios?
Muchas veces se trata de que “no me atrevo a hacerlo solo” y me junto con otra persona (u otras) que tampoco se atreven a hacerlo solos, y lo que nos une es la dificultad para entendernos a nosotros mismos como empresarios.
Sí, es cierto que quizá cada uno tenga habilidades distintas, pero por un lado no los elijo porque el equipo directivo de mi empresa requiera estas habilidades y, por otro, si elijo un socio porque es informático, estoy poniendo a un informático a tomar decisiones de
estrategia y quizá no tenga ni idea de estrategia.
Y, como es socio, puede y debe participar en la dirección. Aunque no tenga ni idea.
Aunque su única razón de tener parte en la sociedad es que sabe hacer la web.
Es un ejemplo.
Por supuesto todo esto sólo es posible con personas que no tienen claro el paradigma de ser empresario.
¿Y entonces, qué tenemos?
Todos los sueños no explicitados.
Los miedos a salir de la zona de confort.
El desconocimiento sobre temas empresariales.
La dificultad para interpretarse como empresario…
Todas las dificultades habituales, vamos.
Sólo que ahora multiplicadas por el número de socios.
Y, lo que he visto una y otra vez: si uno de los socios comienza a desarrollarse como empresario, empiezan los conflictos.
Se empieza a crear distancia y discrepancia a la hora de tomar decisiones importantes: en qué invertir, en que dirección avanzar, cuánto crecer… etc.
Las personas que desarrollan su capacidad empresarial se vuelven algo más creativas, innovadoras, incluso buscan cambios.
Pero si para el resto de los socios las cosas están bien como están, o si no están dispuestos a implantar cambios ellos mismos, empiezan las tensiones entre los socios.
Y así llegamos al “impasse” habitual en estas pequeñas empresas.
Ninguno de los socios está totalmente contento con cómo van las cosas, pero no tiene fuerza para imponerse a los demás y para vivir una situación de enfrentamiento abierto.
Como no hicieron las cosas bien al inicio, ahora sería muy costoso cambiar o romper el acuerdo…
Al final el coste aparentemente menor es amoldarse, buscar un consenso y quedarse en la cuarta parte de lo que el negocio podría ser.
Es una historia que se repite con mucha frecuencia…
Podríamos decir que la probabilidad es del 30% de que finamente nos llevemos mal con nuestros socios y nos encontremos en una situación muy desagradable personalmente…
Tener socios puede ser un mal necesario, como decía mi padre.
Puede.
Pero si decides que necesitas socios, mejor que sean elegidos por lo que aportan de conocimiento empresarial, o de desarrollo de negocio.
No porque suplen una función que tú desconoces (yo dirijo la empresa y mi socio se ocupa de la web, por ejemplo).
No porque no te atreves a hacerlo solo o sola.
Sobre todo no vender una parte de tu empresa por algo que se podría subcontratar.