Hace unos años, cuando estaba formándome en esto del coaching me crucé con el nombre de Tony Robbins.
Es probable que lo conozcas.
Un gigantón que ha hecho millones ayudando a otros a creer en ellos mismos.
Cómo me crucé con su nombre es lo raro: alguien escribió en un foro perdido que buscaba compañeros para trabajar un programa de Tony Robbins. Yo ni sabía quién era Tony Robbins, ni de qué iban sus programas, ni quién era esta persona que escribía.
Pero contesté.
Y así se montó un grupo de 4 personas, la chica nos envió una versión en PDF de un texto y quedamos un par de veces…
Bueno, aquello no duró mucho.
Pero, yo me quedé con el nombre de Tony Robbins y con el programa.
Se trataba de un programa para ayudarte con tus objetivos.
Era muy detallado.
Hasta laborioso.
Diferentes áreas en tu vida.
Diferentes objetivos.
En fin.
El caso es que proponía que te sentases a fijar tus objetivos en estas distintas áreas.
Hasta aquí todo bien.
Pero el hombre decía “ponte una música que te motive y la escuchas mientras piensas y escribes los objetivos”.
¡Vaya americanada! Pensé.
Y eso que he vivido en Norteamérica un buen trozo de mi vida.
Pero algunas cosas me ponen de los nervios.
Música! Ahora que tengo que pensar, no puedo poner música.
Además, me veía a mí mismo haciendo como que imitaba a Rocky Balboa…
Vamos que NO.
Pues fue que sí.
No sé por qué me dije que lo iba a hacer.
Y lo hice.
Me puse música.
No me molestó mientras escribía los objetivos.
Lo que me impactó fue que, como él anticipaba, cuando revisaba los objetivos (al final del mes o cuando fuera), si me ponía la música reconectaba mucho más fácilmente con ellos.
Es decir, no eran una colección de objetivos mentales, sin alma.
Cuando ponía la música esa y pensaba en mis objetivos, volvía a re-conectar emocionalmente con ellos.
Mira tú.
Que me sorprendiese eso, cuando he sido músico durante años, me dio una indicación del grado de ofuscación mental que puedo llegar a tener.
A lo que voy.
Como digo en mis cursos de ventas y de marketing: compramos emocionalmente.
SIEMPRE
Aunque estés comprando una mayonesa.
Emocionalmente.
No que te vayas a poner a llorar por comprar una mayonesa.
Ni a dar saltos por el pasillo del Mercadona.
Pero la compra tiene un sustrato emocional que es el que nos impulsa.
El caso es que mi cuñado Samuel (sí, el del arroz con bogavante que aún está pendiente), se dedica a algo que tiene que ver con todo esto.
Aunque tiene sus cosas - que ya iré contando - lo cierto es que además de ser economista, y saber un montón de marketing, es un pianista excelente - de hecho tiene un grupo con el que hace bolos.
Vamos, un superdotado.
Y para más INRI, encima, es un tío excelente.
Pero de lo que te quería hablar hoy es de algo que Samuel tiene entre manos yu que está relacionado con lo que descubrí con el ejercicio que proponía Tony Robbins.
Y cómo aprovechar los primeros instantes de contacto para meterse en la mente de tu cliente.
Lo que Samuel llama “Los tres segundos de tu mente”.
Retener la u mente de tu cliente 3 segundos y dejar grabado en su subconsciente tu mensaje.
Concretamente, está preparando una masterclass en la que va a mostrar esto, y conociéndolo como es, seguramente mucho, mucho más.
Aquí, puedes leer el artículo donde lo explica mucho mejor que yo y te dice cómo
apuntarte.