Te propongo algo completamente diferente hoy…
O sólo aparentemente.
Uno de mis clientes actuales es un hombre que lleva años esforzándose por sacar adelante su negocio.
Además de una persona excelente, es muy trabajador, muy dispuesto, muy organizado. Cumplidor, meticuloso…
De hecho finalmente todo esto que sabía sobre sí mismo y el hecho de que no estaba consiguiendo los resultados que esperaba, es lo que le decidió a contactarme para solicitar que comenzásemos a trabajar juntos.
Es él quien me dijo: “Veo a gente menos inteligente y trabajadora que yo a los que les va mucho mejor. Tiene que haber algo que no estoy viendo.”
Me parece una reflexión muy inteligente.
Y es un caso muy particular porque ya se sabe casi todo… casi todos los términos, casi todas las estrategias de gestión del tiempo, de negociación, estrategias para conseguir clientes…
Pero algo lo frena.
Y ese algo es algo que él no puede ver.
Un manera de interpretarse, de entender lo que pasa.
De hecho, ese algo se ve por los resultados, por lo que dice, por lo que finalmente hace.
Pero no está claramente manifiesto.
Así que nuestras conversaciones son sobre ese algo.
No es que no tenga razón en cómo interpreta las situaciones, sino que su interpretación lo lleva siempre en la misma dirección.
La dirección que conoce.
En la que se siente cómodo.
Y, por esto, obtiene siempre los mismos resultados.
¿Y yo cómo sé esto?
Por que es mi trabajo estar atento a esto.
Estar atento a dónde aparecen las señales de que una autoimagen te está saboteando.
De que a pesar de todo lo que te dices, en realidad no estás actuando con la libertad que crees.
Tus ideas sobre ti te empujan en una dirección.
Estas ideas de uno mismo son como el color de nuestras gafas.
No se ven con claridad.
Pero asoman “la patita”.
Y así ves que en lugar de un cerdito es un lobito.
O un lobo feroz.
Que en lugar de haber tomado tal o cual decisión por lo que se dice a sí mismo, en realidad la ha tomado para mantenerse en su área de confort.
Y aunque parezca una decisión razonable, si sigue esta tendencia, vuelve a repetirse.
A sabotearse.
A impedirse a sí mismo conseguir los objetivos que se ha propuesto.
Y así, años.
De hecho, el proceso habitual es que por no lograr interrumpir estos patrones, personas muy talentosas, trabajadoras y esforzadas, acaban cerrando su pequeño negocio después de haberlo entregado todo.
Bueno, casi todo.
Lo que no han entregado es la idea de sí mismos que les sabotea.
Bueno. Igual te preguntas ¿Y qué hay de diferente en esto que te cuento (ya sabes que básicamente ese es mi verdadero trabajo)?
Pues que he preparado un pequeño test para que puedas ver si hubiese alguna de estas ideas saboteadoras, o imposibilitadoras, que te tienen secuestrado.
Y si es así, quizá pueda entender por qué a pesar de todo tu esfuerzo “la cosa” no acaba de ir bien.
O al menos no todo lo bien que quisieras.
Así que, si te apetece ver esto (oye que quizá prefieras no saberlo, y no tengo nada que decir), puedes hacer clic aquí y acceder al formulario.
Te adelanto dos cosas:
La primera es que no hay respuestas correctas o incorrectas, en el sentido habitual.
Se trata de ver qué respondes.
Las respuestas nos dan una idea muy certera de qué ideas te animan.
La segunda es que a los que hagáis el test os enviaré un email con las puntuaciones y los porqués de las puntuaciones.
Sólo a los que hagáis el test, claro.
A los demás, si les parece que esto no vale la pena, pues no los vamos a seguir molestando con tonterías.
Recuerda siempre que todo este tipo de puntuaciones y tests son arbitrarios y no tienen ningún valor más allá de aumentar tu auto-conocimiento.
Si es que entiendes que eso es bueno para ti, adelante.
Si te parece que todo eso son chorradas, lo respeto también.
Aquí puedes hacer el test…