Érase una vez un hombre que iba viajando de pueblo en pueblo.
Era un tiempo mítico.
Es decir, un tiempo en el que las cosas que se hacían eran creíbles y naturales y la vida te enseñaba de manera más clara.
Ahora, la vida también nos da lecciones pero, como estamos tan distraídos con la tecnología, y con tantas opciones y posibilidades, no escuchamos y finalmente las lecciones a veces tienen que ser más fuertes.
Para que nos enteremos.
Era una época en la que la gente viajaba sobre todo caminando de un sitio a otro y podía pasar semanas, meses o años viajando.
Normalmente se paraban en cada lugar un cierto tiempo, sea para trabajar, reposar, visitar a conocidos…
El caso es que este hombre sube una colina y desde allí se divisa un pueblo.
El siguiente pueblo.
Y justo sentado encima de una roca grande al finalizar la subida, hay otro hombre.
Un anciano.
El viajero lo saluda y, mirando hacia el pueblo que se distingue en la distancia, le pregunta: ¿Cómo es la gente en ese pueblo?
Y el anciano le contesta con otra pregunta: ¿Cómo era la gente del pueblo del que vienes?
El viajero le contesta: “Pues, la verdad, eran una gente insoportable. Muy poco hospitalarios. Y muy cotillas. Siempre metiéndose en la vida de los demás. Lo cierto es que no lo soportaba más y por eso me marché.”.
“Pues los del pueblo este, más o menos lo mismo te vas a encontrar”, le contesta el anciano.
Así que el viajero se pone en marcha con el ánimo más bajo que antes.
Al cabo de unos días, pasa por allí otro viajero que al remontar la colina se encuentra con el anciano sentado en la roca y le pregunta, señalando hacia el pueblo que se ve al pie de la colina: “¿Cómo es la gente en ese pueblo?”
El anciano le pregunta: ¿Cómo era la gente del pueblo del que vienes?
“La verdad es que me costó marcharme, porque era una gente estupenda. Súper hospitalarios y acogedores. Muy discretos. Si no fuera porque tengo que seguir mi viaje y ya llevaba demasiado tiempo allí, me hubiera quedado más tiempo.”
“Pues los del pueblo este, más o menos lo mismo te vas a encontrar”, le contesta el anciano.
¿Se estaba riendo de ellos?
No. Era una persona muy sabia que sabía que donde va uno, en general, uno mismo se genera las situaciones, las personas, y el entorno.
Se encuentra lo que trae consigo.
El que venía quejándose, probablemente, se acabaría encontrando con lo mismo de lo que huía.
El que venía agradecido, se acabaría encontrando en situaciones similares.
Esto es porque el denominador común en todas las situaciones soy “yo”.
Ocurre lo mismo en todos los ámbitos.
Las relaciones, los trabajos, los hábitos personales… incluso en el mundo empresarial.
Si tienes un pequeño negocio una parte importantísima de lo que te pueda estar evitando conseguir lo que quieres está dentro de ti.
A veces hay que trabajarlo desde fuera, otras desde dentro.
Para esto último, como he estado escribiendo últimamente, preparé hace un tiempo el curso Explórate!
En este curso se hace un trabajo profundo, guiado, que te ayuda a identificar aspectos tuyos que te pueden estar saboteando y haciéndote repetir patrones que no te ayudan.
También a identificar aspectos y fortalezas que quizá no estás aprovechando como podrías.
Todos estos patrones y fortalezas no identificadas tienen resultados concretos en tu día a día y, especialmente, en los resultados que obtienes con tu pequeño negocio o actividad profesional.
Es un curso guiado que te ayuda a identificar tus fortalezas y tus áreas de mejora, revisar tu actualidad y proyectar tu futuro.
Un futuro acorde con lo que tú quieres.
Un futuro en el que los mecanismos de autosabotaje estén identificados y tengas maneras de evitarlo e interrumpirlos.
Además saldrás con un plan de acción personal, que te servirá de mapa en tu camino.
Ahora, aunque es un trabajo guiado, con instrucciones muy concretas, y con una dedicación de sólo unos 15 minutos al día, no por eso quiero dar a entender que es fácil.
No estamos acostumbrados a dedicarnos este tiempo y lo sustituimos por trabajar en lo de siempre o por actividades de desconexión.
Y así nos repetimos, una y otra vez, sin ser capaces de salir del bucle.
Así que en realidad en lo que probablemente tengas que esforzarte es simplemente en comprometerte contigo en que eres alguien a quien vale la pena dedicarle estos 15 minutos al día mientras dura el curso.
De esta manera, no sólo saldrás con lo que te comento más arriba, sino con un hábito de reflexión diaria.
Sólo por eso, el curso vale la pena.
Porque tú vales la pena.
El curso está disponible siempre, pero hoy es el último día en el que puedes adquirirlo por 49€ - en lugar de 199€ (como
verás incluso a su precio normal es un regalo, así que con el precio con descuento, es un doble regalo).
Además, si te apuntas hoy, antes de las 23:59, tendrás derecho a una sesión de coaching individual 1 a 1 conmigo.
¿Que por qué tanto descuento y regalo?
Porque es un curso que preparé para mis clientes de coaching y no lo había publicitado hasta ahora “en abierto”, por así decirlo.
Y quisiera que se llegase a conocer.
Además si en algún momento inicias un proceso de coaching, conmigo o con otra persona, ya llevarás mucho camino andado.
En cualquier caso, te llevarás los beneficios.
Verás la diferencia en tu día a día.
En lo laboral y en lo no laboral.
Todo esto, sólo si consideras que vales la pena, claro.