Cuando empecé en el mundo del coaching, me ofrecí a dar unas charlas para los asociados de AJE (Asociación de Jóvenes Empresarios). Las charlas no eran sobre coaching, sino sobre cómo desarrollar tu mente empresarial, porque este es el principal problema de los que se ponen
por su cuenta.
De hecho, esto es lo que intento transmitir desde siempre.
El caso es que, después de una de las charlas, se me acercaron varias personas para preguntar sobre el tema.
Lo habitual.
Pero este día, al final se quedo una chica, esperando.
Y cuando ya no quedaba nadie para hablar, se me acerca y me dice: “Oye, ¿Tú eres coach?”
Sí.
“¿Y vives de esto?”
Sí.
“¡¿Cómo lo haces?!”
¿Qué quieres decir?
¿Que cómo consigues clientes que te paguen…?
Pues, cuando me conoce la gente, quedamos para hablar, normalmente en una reunión ya se deciden con que si sí o no. Habitualmente es que sí.
Ya pero, es que vender coaching, no sé.
A mí me gusta mucho hacer coaching y me cuesta vender. Es algo que hago por ayudar a la gente. Me da no se qué…
Ya, pues esta es la respuesta a su pregunta: “Nosequé”
A mí no me da “nosequé” porque creo que lo que hago tiene un valor muy concreto para mis clientes.
Ellos vienen a mí porque quieren ganar más dinero.
O vivir mejor.
O tener menos problemas.
El “Nosequé” que le da a mucha gente vender es lo que se interpone entre su vida actual y poder vivir cómodamente de su actividad o negocio.
A veces el “nosequé” viene de no tener claro que como coach, o como barrendero, o cómo informático, estás ofreciendo un servicio al mercado.
Un servicio con un valor.
Un valor que pone el mercado.
También puede venir una idea muy romántica de que las profesiones de ayuda al desarrollo personal no deberían incluir intercambios económicos.
Si estás en ese punto. Lo respeto pero no hay mucho que pueda hacer para ayudarte.
Si quieres vivir de tu profesión, tu vocación o tu negocio, pero no quieres tratar con dinero, pues aún necesitas un hervor.
O dos.
O no necesitas vender para comer, claro.
Es lo que tiene si tienes las lentejas ya pagadas.
Que no tienes que "violentarte", pasar del "nosequé" y vender.
Fuera de esto, lo más habitual es que la persona se siente incómoda vendiendo, porque:
No sabe lo que está haciendo.
Siente que molesta.
Que no quiere ser pesada.
No quiere que “parezca” que está vendiendo.
No quiere que piensen que es un “pesetero” (¿ahora se diría “eurero”??).
Todo esto tiene que ver con su idea de qué es vender y con no entender que a todos nos gusta comprar.
Y si lo haces bien, tus cliente querrán comprar.
Si no sabes qué es esto de “vender bien”, o si sientes que tu formación en ventas podría mejorar, o que te vendría bien vender con un mejor precio, dentro de poco voy a volver a lanzar el curso Ventas para No-Vendedores.
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