No, no hablo de la bolsa.
Bueno, hablo de la bolsa, pero de la bolsa del dinero de cada uno.
Hay inversiones que son muy, muy rentables.
Una de las más rentables que yo he hecho en toda mi vida, la hice cuando empecé en el mundo de la traducción.
Me enviaron una traducción, de una agencia, y la hice, y resulta que le pareció muy buena.
Así que me enviaron otra.
Gigantesca.
Cientos de páginas.
Me puse con ella, pero ya no era tan divertido el tema.
Para mí el problema no era tanto el traducir (que por algún motivo se me daba bien naturalmente, al parecer).
El problema era dar con la tecla.
Con la tecla del teclado.
Armado con mis dos índices - el de la mano derecha y el de la mano izquierda - me pasaba el día buscando la tecla que tocase en cada momento.
A veces me arriesgaba con algún dedo adicional, pero poco.
Con la cabeza agachada, mirando de lado a lado, con los índices bailando en el aire para caer sobre su presa.
Luego levantando la mirada a la pantalla para ver qué había salido, que a menudo no era lo que yo había querido escribir.
A borrar, y volver a escribirlo.
En fin, que acababa con dolor de cuello, dolor de espalda, y dolor de cabeza.
Al terminar me tenía que tumbar en el suelo y estirar la espalda, que iba acumulando contracturas día tras día.
Qué duro esto de la traducción.
Hasta que un día decidí invertir en aprender a mecanografiar.
Y cuando acabé el curso de mecanografía (duró como un mes, creo) y alcancé algo de velocidad, todo cambió.
Se acabaron los dolores de cuello.
Se acabaron los dolores de espalda.
Se acabaron los dolores de cabeza.
Pero, sobre todo, se acabo trabajar hasta fastidiarte la espalda para casi no llegar a fin de mes.
Por lo lento que iba.
Ahora mis dos índices estaban apoyados por 8 dedos más y, además, cada uno sabiendo dónde estaban sus teclas respectivas (aunque las de los números aún no las tengo dominadas).
En menos de un mes, había multiplicado por 3 mi producción diaria.
Con la mitad del esfuerzo.
Sin dolores.
Pasé de no llegar apenas a fin de mes, a ganar más que el director de mi sucursal bancaria.
Sólo por haber aprendido a escribir a máquina.
Sí, me costó dinero, me costó tiempo, me costó esfuerzo.
Pero siempre lo recuerdo como de las mejores inversiones que he hecho en mi vida.
Inversiones de tiempo, esfuerzo y dinero.
La segunda inversión más rentable (o la primera, según se mire), fue aprender a vender.
Esto me permitió pasar de “mira lo que hago, a ver si te parece interesante” a cerrar un 50% de las reuniones con posibles clientes, con precios en el rango alto del mercado… desde que empecé con el coaching.
En este caso, no pasé de casi no llegar a fin de mes, porque empecé desde el principio. Pero viendo el panorama con otros colegas míos, tengo claro por dónde andaría ahora mismo de no haberlo hecho.
Aprender a vender es, probablemente, la mejor inversión que cualquier profesional puede hacer. Se dedique técnicamente a las ventas o no.
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