Mi padre solía decir “una cosa es la libertad y otra el libertinaje”.
Era un hombre que se veía algo desbordado por la acelerada aceleración de los cambios.
Un hombre con una mirada tradicional sobre la vida y que veía como todo lo que él entendía como correcto parecía perder valor continuamente para casi todo el mundo a su alrededor.
Imagino que muchas personas que nacieron a principios del sigo XX han visto como esta aceleración insólita de los cambios los ha adelantado por la derecha, por la izquierda, por arriba y por abajo.
En realidad, a casi todos, los cambios los han atropellado.
Y aunque se viva, en cierta manera, más “libre”, con más comodidades y con acceso a muchísima más información, aún no estoy seguro de poder decir que los jóvenes adultos de hoy (digamos entre 20 y 40) vivan una vida que les resulte más satisfactoria
de lo que les resultaba a los de una generación anterior.
Por supuesto esto no quiere decir que alguien que se ha educado en
el nuevo paradigma, con toda la insatisfacción, desencanto, falta de esperanza, falta de sentido intrínseco, necesidad de la mirada desde fuera, etc. que se dice que tienen, si tuviese ahora que adaptarse a los patrones de hace 50 años, no lo pasase mal.
Probablemente lo pasaría muy mal.
Entre otras cosas, ahora se ha acostumbrado unas ideas, unas expectativas, unos “derechos” que desaparecerían.
Además, en esa vida había muchas menos distracciones y por lo tanto era mucho más fácil centrarte en lo que fuese que estuvieses haciendo: estudiando, trabajando, hablando…
Y también era más posible aburrirte, claro.
Los que nacimos el siglo pasado, como carcas que somos, tendemos a pensar que “los jóvenes de ahora” tienen muchos derechos pero pocas obligaciones.
Seguro que nos equivocamos.
O al menos
exageramos.
¿Qué tiene que ver esto con llevar un pequeño negocio (bueno o un gran negocio, pero a los que llevan un gran
negocio no hace falta que les hablen de esto. Lo saben perfectamente)?
Pues que me encuentro continuamente con personas que o
pasan por mis cursos, o alguno de mis charlas o talleres cuando los impartía, o incluso al inicio entre mis clientes de coaching, que no están consiguiendo los resultados que buscan.
Hasta ahí, bien.
Pero en lugar de pensar que quizá no sepan lo
que están haciendo, que no tienen criterios adecuados, que básicamente no ven correctamente la situación, tienden a pensar que sí.
Que sí tienes los criterios adecuados.
Pero que les falta algún pequeño truco, algún pequeño
concepto, un nuevo ángulo… y van de curso en curso, de libro en libro, de charla en charla… a ver si dan con ello.
Con ese
“secreto” que se supone que alguien va a impartir en un seminario. O en un libro.
A ver, sin duda puedes aprender cosas. Pero
esto es sólo información.
Si tienes un pequeño negocio, no buscas conocimientos, información, etc.
Buscas resultados.
Al menos en lo que se refiere a tu negocio.
En tus hobbies igual sí te vale con el conocimiento.
En un negocio necesitas resultados.
Si no, más pronto que tarde, terminarás por no tener negocio.
¿Qué tiene que ver esto con la
libertad y la disciplina?
Probablemente en muchos de los cursos a los que has ido, de los libros que has leído, incluso en
muchos de esos emails míos que lees hay un sinfín de estas claves que estás buscando.
Solo que no las ves.
No las reconoces.
Y no las reconoces porque se dan 2 circunstancias.
Por un lado no tienes la perspectiva hecha a estas claves. Esto es de cajón. Si no lo “pillarías”.
Pero por otro lado, no haces lo que podrías hacer para sí dar con la clave y de paso ir desarrollando una mentalidad mejor.
Y esto que no haces, que te podría dar mucha, mucha libertad, requiere disciplina.
No mucha, pero sí algo de disciplina.
En el siguiente email te cuento el final, pero te adelanto si dieras en algún momento con la clave que buscas para tener un negocio que funcione bien, sin duda sería algo que “ya sabías”, solo que no lo habías llegado a implantar.
Hasta el próximo,