El otro día estaba tomándome un café por la mañana con un amigo, en una terraza aquí en las Alpujarras.
Como ahora el sol sale más tarde - hasta que cambien la hora - pues tenía la mañana esa sensación de más o menos recién amanecida, pero sin haber tenido que madrugar demasiado.
Bueno, un poco.
En el valle en el que vivimos con montañas a ambos lados, en esta especie de veranillo del membrillo tardío, se estaba muy a gusto y nos pedimos un segundo café…
El caso es que estábamos hablando de idiomas. En concreto del árabe, que a los dos nos interesa.
Bueno, a él le gustaría conocerlo mejor, pero creo que no le interesa lo suficiente como para ponerse a estudiar (ya somos los dos bastante talluditos).
El caso es que me dice: “Claro, tú es que tienes buen oído y por eso notas estos matices”.
Lo decía, como mucha gente dice estas cosas, así como para quitarse de encima la responsabilidad de también poder notar estos “matices”.
Bueno, puede que tenga algo de razón.
Es cierto que trabajé de músico unos años.
Y también es cierto que la primera vez que me acerqué a una escuela de música me dijeron que mejor me dedicase a otra cosa.
Y aún recuerdo cuando mi madre me dijo: “Hijo, cantando seguro que no te vas a ganar la vida”, de lo mal que cantaba.
Pero acabé cantando y viajando por España con un coro semi-profesional.
Volviendo a mi amigo, puede que tenga algo de mejor oído que él.
Pero también es cierto que dedico
mucho más tiempo al idioma de lo que lo hace él.
Muchas más horas.
Y esto, también, hace que vayas notando más y más diferencias.
Más y más matices.
Porque hasta que no te pones con algo a fondo, en realidad no te estás enterando.
Por esto digo que las ideas geniales no están en un sitio secreto…
O sí…
Están ocultas en una manera de pensar que aún no
tenemos.
En una mente que aún no tenemos.
Aunque podemos llegar a tenerla.
Una vez que la desarrollamos, cosas que antes no veíamos, no notábamos; cosas de las que no nos percatábamos, nos resultan aparentes y obvias.
¿Han aparecido así, de repente?
¡Qué va!
Estaban (y están) siempre ahí.
Sólo que no las veo, porque mi mente no está mirando en esa
dirección.
No tiene desarrollado el “paladar” para este tipo de ideas, de conceptos.
Como con mi amigo cuando hablaba de que no se decía así, sino de esta otra manera.
Parecido, pero diferente.
Pero, para desarrollar el paladar para este tipo de ideas, hay que dedicarle tiempo.
Hay que cambiar desde dónde interpretas lo que pasa a tu alrededor.
Si quieres que tu vida sea diferente, o que tu negocio funcione de otra manera, el secreto es que no hay secreto.
Hay que pasar tiempo con el problema.
Te puede ayudar alguien a ver las cosas de otra manera.
Es una de las maneras más rápidas
de lograr ese cambio.
Pero solo o acompañado, lo que ha de cambiar es cómo interpretas la situación.
De lo contrario te estarás repitiendo toda la vida.
Y tu no quieres eso ¿verdad?