Cuando aún tenía un poco de pelo, iba a cortármelo (o arreglármelo) a una peluquería en el centro de Madrid. Una peluquería con algo de sensación “retro”, llenas de foto de famosillos y famosos de verdad.
Cómo sería de ralo y escaso mi pelo, que hasta el peluquero me recomendaba que me lo afeitase.
Prefería un cliente menos a tener que hacer como que me arreglaba las puntas.
Las puntas era todo lo que tenía.
Y además no tenían arreglo.
Un día, porque como buen peluquero hablaba mucho, mencionó algo sobre un músico compañero mío, y le dije: “Sí, sí. Lo conozco”.
Se quedó sorprendido y le dije que había trabajado con él y hablamos algo más.
En algún momento le dije que había sido músico profesional.
Ahora ya no era sólo un tío con poco pelo al que decía que lo mejor es que me afeitase la cabeza.
Necesitaba colocarme en un nueva caja, así que me hizo la pregunta del millón: “Entonces, ¿eres… famosillo?”.
Cuando le dije que no, le cambió la cara y todo volvió a la normalidad.
Porque a punto había
estado de pedirme que me hiciera una foto con él, si era “famosillo”…
Cuento la anécdota por la confusión que a veces tenemos
con lo que significa ser un profesional exitoso. Y en concreto un pequeño empresario exitoso.
Un músico exitoso es un músico
que se gana la vida con la música. No necesariamente un músico genial, ni famoso.
Un músico que da de comer a su familia, que
se puede comprar una casa.
Un empresario exitoso, lo mismo
Los artistas, los genios, no se pueden replicar. De hecho, probablemente no quieras hacerlo.
La vida de los grandes pintores, informáticos, arquitectos, ingenieros, e incluso grandes empresarios suele estar llena de altibajos, adicciones, bancarrotas, vidas tortuosas…
Ser famoso, ya por sí mismo es una carga.
Ser genial, ya por sí mismo es una carga.
Si hoy te despertases tocado por la varita mágica del genio o por la varita mágica del pelotazo, tienes más probabilidades de que tu vida se convierta en un infierno que de lo contrario.
Si tienes un pequeño negocio y lo que quieres es que se convierta en el soporte económico de tu vida y que de estabilidad a ti, tu familia, tu futuro… esto es algo que se puede conseguir “casi” siguiendo una receta.
Si lo que quieres es alimentar tu ego de lo buen arquitecto, informático, diseñador, etc., esto es algo que sólo se puede conseguir al precio de lo otro.
Porque si haces lo segundo, no tienes la mirada en lo primero.
Es igual que, por ejemplo, en una discusión.
Si lo que quieres es llevar razón, tu mente se estará fijando en cosas concretas de lo que ha ocurrido y de lo que el otro dice, para demostrarle lo equivocado que está.
Si lo que quieres es llevarte bien, darle al otro su oportunidad, y que la relación salga fortalecida - e incluso que aprendas algo - entonces tu mente estará focalizada en qué cosas tenéis en común, y cómo podéis salir los dos mejor de esta
situación.
Dos miradas muy diferentes de la misma situación y de la misma conversación.
Pero no puedes estar en los dos carriles.
O uno o el otro.
Con tu negocio es igual.
O buscas tener un negocio al servicio de tu vida.
O buscas que
tu vida esté al servicio de tu trabajo.
Las decisiones que tomas a diario te llevan - ineludiblemente - en una dirección o la
otra.
Por esto necesitas tener claro en qué consiste el éxito para ti.
Para que puedas tomar las decisiones adecuadas en cada momento.