En muchas cosas en mi vida voy “por detrás” (me casé y tuve hijos con edad avanzada, comencé algunas cosas
cuando otros ya están “de vuelta”…). Una de ellas fue la moto.
Sí. La moto.
Me compré mi primera moto cuando tenía 30 tacos.
Y durante 25 años la utilizaba a diario.
Ya lloviera, nevase o hiciese sol.
En moto me he recorrido casi toda España, partes de Francia. Hasta hice un viaje Madrid-Estambul del que quizá te hable en otro momento (porque tuve aprendizajes muy importantes sobre el liderazgo).
De hecho, no me compré un coche hasta también muy tarde y principalmente por motivos fiscales. El coche se pasó los primeros 10 años de su vida o así en una plaza de garaje el 95% del
tiempo.
Una actividad que me gustaba mucho y que hacíamos algunos fines de semanas 2 o 3 amigos que tenían moto era salir a
“rular”.
Rular era salir sin destino fijo. A dar vueltas y dejarse llevar por el momento. Es una sensación indescriptible de
libertad y simplemente dejarse llevar.
Elegíamos, claro, carreteras secundarias con muchas curvas y cuando veíamos algo que
nos apetecía, parábamos.
Cuando se iba haciendo de noche, o alguno estaba más cansado, buscábamos un hostal y allí nos
quedábamos.
Y el día siguiente, continuábamos. Igual hablábamos con alguien del lugar y nos decía que había algo interesante
que ver por allí, y hacia allá que nos íbamos. Pero igual llegábamos, o igual no. El destino no era nunca importante, lo importante era “rular”.
Así no había prisa, ni “bulla”, ni estrés, ni agobio… muy relajado.
Era muy sanador
psicológicamente, como contraste a la focalización que requería el trabajo.
Si nos encontrábamos con otro moteros cuando
parábamos a tomar un café y, como es habitual, nos preguntamos unos a otro dónde vamos, solo había que decir “No. Estamos solo “rulando”” para que los otros moviesen su cabeza apreciativamente.
Rulando. Qué suerte…
Como digo, era una manera de
equilibrar la focalización que requiere tener un negocio. Un verdadero equilibrio entre trabajo / tiempo libre.
Cuando estás
“rulando” no tienes un destino, pero sí tienes un objetivo: disfrutar del camino. Sabiendo que NO VAS A NINGÚN SITIO.
Pero
claro, esto no es manera de llevar un negocio.
Está bien - muy bien - para desconectar y que la mente se relaje.
Pero no para llevar un negocio, como digo.
Ahora, lo que tiene estar entretenido con lo que estás haciendo es que parece que la actividad tiene sentido en sí misma, y puede que no nos demos cuenta de que andamos simplemente rulando sin
destino.
¿Cómo saberlo?
¿Cómo saber si tengo destino y objetivo en mi pequeño negocio y que no estoy simplemente “rulando”?
Pues la verdad es que es muy fácil averiguarlo.
Si es que quieres saberlo, claro.
La clave es la siguiente: Que te pregunto y no sabes decir donde vas.
Igual contestas algo más o menos difuso o vago.
Pero no puedes decir: El objetivo del
negocio es… (facturar XXX, tener XXX clientes, XXX espacializarse en XXXX modalidad, etc.), y que respondas con objetivos empresariales, claro.
Si te pregunto cuál es tu destino en un viaje de moto y me dices que consumir 100 litros de gasolina, o que se queme la bujía, pues me parecería raro.
Así que la pregunta más certera es: ¿Cómo sabrás que habrás llegado?
Si vas en moto a Burgos, sabrás que has llegado porque ves un cartel que pone Burgos. O porque acabas de pasar el Landa.
¿Y cómo sabes que esto es tu destino? Por que lo habías definido con claridad anteriormente y conoces las señales de que estás ahí. De que has llegado.
Pues lo mismo en tu negocio.
Si no puedes contestar
inmediatamente a la pregunta “Dónde va tu negocio” y “Cómo sabrás que has llegado” entonces, independientemente de lo que sientas “en tu interior”, estás rulando, amigo, y no vas a ningún sitio… Y, por lo tanto, no vas a llegar a ningún sitio.
Y así, sin destino y objetivo claro que sirva para puedas tomar decisiones razonadas y orientadas hacia algo, las probabilidades de que en 5, 10, 15 o 20 años algo vaya a ser diferente en tu negocio son aproximadamente 0.
O menos.
Es decir, pasar de un puesto de trabajo a un negocio seguirá siendo algo lejano… muy lejano…
Si quieres definir un rumbo concreto que sirva para colocarte a ti y a tu negocio en el siguiente nivel, igual te vendría bien el curso de planificación estratégica para pequeños negocios.
Por otro lado, si prefieres ir “rulando” sin destino, entonces no hagas clic Aquí, porque te cambiaría el rollo.