Hace tiempo leí un libro en el que transmitía la idea de que la sociedad actual es, a la vez, la más individualista de la historia Y la más gregaria.
Nos gusta pensar (a mí el primero) que decidimos libremente lo que hacemos. Es casi una axioma de la sociedad en la que vivimos.
Y que nos hemos
quitado todo tipo de “encorsetamientos” que antes pensábamos que nos coartaban: normas, costumbres, ritos religiosos, etc.
No.
Ahora, nadie nos dice lo que tenemos que hacer. ¡¡¡Podemos ser lo que queramos!!!!
Este es el aspecto individualista.
Pero lo cierto es que hay tantas cosas en las que hay que decidir - desde cómo vestirme adecuadamente para ir al trabajo, hasta cuál es la mejor dieta para mi organismo (o la más molona). Desde cuál es el mejor vino para este tipo de carne, hasta si es mejor casarse o vivir juntos. Desde qué estilo de vida es el más
apropiada, hasta cómo ser ecologista.
- Cuál es el mejor calzado para senderismo.
- Los mejores dibujos animados para los niños.
- El mejor perfil de LinkedIn.
- El uso correcto de las redes sociales.
- Cuánto debemos cuidar de nuestros mayores…
Así que ahora tenemos que
tomar decisiones para las que antes teníamos guías más o menos compartidas.
Decisiones para las que en realidad no estamos preparados.
Es imposible saber de vinos, de senderismos, de gerontología, de educación infantil, de ética en el trabajo, de gestión de recursos humanos, de conceptos de filosofía en el día a día... De entender que tomo una decisión porque he valorado bien todas las posibilidades.
No. Es mucho más fácil
que nos digan por dónde avanzar.
Así que decimos participar en comunidades, ver videos de YouTube, seguir a influencers, tomar de aquí y allá lo que me parece más adecuado…
Y este es el aspecto gregario.
¿Pero quién manda?
¿Finalmente, las decisiones las tomamos libremente?
Las decisiones que uno toma, e incluso qué cosas se pregunta están muy mediatizadas - ES INEVITABLE - por la gente con la que más tiempo pasa.
Sea en vivo, a través de
libros, de podcasts, de videos, de redes sociales, de la televisión, de series.
Aquello con lo que más tiempo paso, acaba por condicionar lo que veo, y cómo lo veo.
Aunque luego piense que estoy tomando decisiones libremente, en realidad he reducido mi mundo para poder hacerlo.
Y es normal, porque de lo contrario no podríamos funcionar.
Esto puede que te parezca completamente obvio. O puede que te choque e incluso te moleste.
Pero es así.
Alimentamos nuestro cuerpo de comida y bebida, que finalmente se
convierte en nuestro cuerpo en el futuro.
Alimentamos nuestra mente y nuestro espíritu de lo que vemos, oímos y absorbemos, que finalmente se convierte en el tipo de persona en el que nos vamos convirtiendo.
NO hay alternativa.
Aunque no te guste.
Si ves TV una hora todos los días, tu nivel personal se está viendo afectado (y no quiero decir en el buen sentido). Aunque no te des cuenta. De hecho, no puedes darte cuenta porque lo que cambia es toda tu manera de interpretar las cosas.
Y además estás en un entorno en el que esa
manera de verlo es lo NATURAL.
No puedes pasar tiempo viendo SÁLVAME (por poner un ejemplo) y no irte convirtiendo poco a poco en lo que allí ves (en el sentido de aceptar ciertas cosas, asumir ciertos valores, que tu umbral de lo inaceptable vaya cambiando, de permitirte estar mirando las intimidades de otros… etc.).
Lo mismo, con las series. Con los videos… Y con la gente con la que pasas tu tiempo.
Saber esto te puede convertir en adivino.
Por ejemplo, sé algo de ti.
Y perdóname si me meto donde no me llaman.
Si tienes un negocio y estás trabajando demasiadas horas. Y si tu foco está sobre todo en el producto, sé ESTO de ti:
La mayoría de tus amigos, familiares, conocidos, la gente con la que pasas tiempo NO SON EMPRESARIOS.
¿Que cómo sé esto de ti, si ni siquiera nos conocemos?
¡Por que si no fuese así, tú no estarías haciendo lo que haces!
Porque para que tu estuvieses rodeado de gente exitosa empresarialmente hablando y estuvieses haciendo esto de “trabajar mucho en tu producto”, necesitarías estar yendo contra todo lo que ves en tu entorno, contra todo lo que oyes, contra todo lo que entiendes.
Y esto no solo es muy, muy difícil de hacer.
Es que no solemos tener ningún impulso para hacerlo.
Las personas con las que pasas tiempo definen - en gran medida - cómo ves el mundo.
Y limitan o amplían en qué puedes llegar a convertirte.
Por ejemplo, considera estas ideas falsas:
- Hay que trabajar duramente en un pequeño negocio.
- Si haces un buen trabajo el resto vendrá.
- Si estás por tu cuenta, lo normal es no tener mucho tiempo libre.
- Ni tomarte 1-2 meses de vacaciones.
- No puedes ni ponerte enfermo.
- Es esencial que tu producto o servicio sea excelente para tener éxito en tu pequeño negocio.
- Es mejor empezar pequeño y luego ir creciendo.
Todas estas ideas que NO SON CIERTAS y que supongo que tienes asumidas (o no estarías donde estás) las has absorbido de tu entorno.
Porque seguro que no has
llegado a ellas razonando.
Ni tampoco te las ha transmitido alguien muy exitoso.
Pero no hace falta que me creas.
Es muy fácil averiguarlo por ti mismo… cuando veas lo que consigues si pasas tiempo con gente que ya tiene la mentalidad, o ya ha tomado la decisión de hacer lo que tú quieres, pero aún no puedes.
Cuando pases tiempo con personas que no se creen todo lo que se dice sobre llevar un pequeño negocio.
Pronto voy a abrir la inscripción a un grupo de coaching donde te llevarás, entre otras muchas cosas, justo eso. Si te interesa, pulsa aquí y cuando se abra te
aviso.