Hace años, en una de mis incursiones en el mundo del arte, acabé muy metido en la fotografía.
Quiero decir, que me metí a fondo. Y hice lo que suelo hacer cuando me meto mucho en algo: Leí libros, tomé cursos e hice muchas
fotos.
Pero muchas, muchas.
Hacía fotos de todo tipo, en todos los lugares...
Una cosa que fui aprendiendo es que es importante ir eligiendo qué tipo de foto quieres hacer.
Por varios motivos.
Uno de ellos es que cada "tema" tiene su intríngulis.
Y sólo das con el intríngulis para ofrecer una nueva solución o visión sumergiéndote en ese océano en concreto.
Es decir que aunque efectivamente hay aspectos técnicos de una foto (composición, exposición, foco, iluminación, profundidad de campo, etc.) llega un momento en el que eso ya se supone que lo puedes hacer.
Y de lo que se trata es de decir algo con todo esto.
Y para poder decir algo sobre, por ejemplo, un paisaje, normalmente hay que haber fotografiado, estudiado y analizado muchos paisajes.
Sólo así se puede llegar a hacer paisajes como Ansel Adams, por ejemplo.
Recuerdo una serie suya en la que predomina un simple campo de cereales con la línea del horizonte y un cielo claro en la distancia.
En blanco y negro.
No te puedes imaginar un sujeto menos emocionante.
Y sin embargo es imposible que esas fotografías no te agarren por el cuello de la camisa (o lo que lleves) y se nieguen a dejarte
escapar.
Pero a lo que voy hoy es a otra cosa.
En este periplo mío, cuando ya pensé que sabía más o menos la técnica y podía producir fotos correctas, en líneas generales, seguía algo insatisfecho.
Tomé algunas clases, otros cursos, leía más libros...
Pero, no sentía que avanzaba mucho.
Un día decidí tomar clases particulares con fotógrafos que me gustaban.
Y todo cambió.
La experiencia de trabajar con un mentor privado no tiene nada que ver con tomar clases, leer libros, etc.
Por que ven cosas que ni siquiera están en tu radar.
Por ejemplo, un fotógrafo con el que estuve
trabajando me dijo al principio: "Tus fotos están bien, pero... no hay gente. No aparecen personas en ninguna de ellas."
Me
quedé en blanco... era verdad.
No me había dado cuenta.
Y eso que era yo quien lo hacía.
No había personas en mis fotos.
Pero tampoco me había propuesto no incluir gente.
Era una manifestación de algo en mí.
Como digo, mis fotos eran
más o menos correctas técnicamente.
Pero no contaban nada en concreto.
O sí. Contaban que lo importante son las cosas y no las personas...
Por supuesto, esto, además de cambiar mis fotos, me hizo reflexionar mucho sobre mí y darme cuenta de qué cosas podía estar poniendo en primer lugar en mi vida.
Gracias a la mirada externa, aprendía en las clases lo que no había podido aprender antes, porque ni siquiera estaba mirando.
Sobre la fotografía.
Y sobre mí mismo.
En el rato que duraba una clase, podía salir de allí con muchas nuevas percepciones sobre mi fotografía - cosas que podría probar - y sobre mi propia personalidad.
Y, sobre todo, cómo mi personalidad filtraba qué cosas hacía con mis fotos y cuáles ni siquiera se me ocurrían.
Empecé a incluir personas - conscientemente - en mis fotos.
Esto me hizo hacerme más consciente de lo que me lo dificultaba.
Pero a la vez, mis fotos empezaron a tener otra energía. Otra fuerza.
Sólo por la nueva manera de
abordarlas.
Esto es lo que tiene trabajar con alguien externo que ya tiene la mirada hecha.
Que te puede transmitir cosas que no se pueden transmitir de otra manera.
Y es similar a lo que me encuentro cuando hablo por primera vez con alguien que viene referido por un cliente.
O a veces en las charlas que he dado.
Que mucha gente se sabe toda la terminología sobre emprendimiento: lean start-up, canvas, propuesta de valor, modelo de negocio.
Incluso han hecho algún curso de emprendimiento.
O hasta alguno de los muchos "másters" que proliferan.
Y lo van utilizando, como yo utilizaba lo que sabía.
Pero hay
cosas que desde fuera son obvias, pero que ellos no ven.
Por que no han desarrollado la mirada adecuada.
Ni tienen la experiencia adecuada.
La clave está no en los términos que te sabes.
Ni tampoco en los conceptos que puedes desgranar.
La clave está en los resultados que estás consiguiendo.
Y como probablemente sigan haciendo lo mismo (como un servidor estuvo años haciendo fotos, leyendo libros, haciendo cursos, etc.), porque no ven motivo para hacer algo diferente, lo más probable es que no la desarrollen.
Porque cuando estamos en esa situación no vemos... y no vemos que no vemos.
Igual que un profesional puede analizar una foto de un vistazo e inmediatamente saber el nivel del fotógrafo y qué mejora puede hacer en general con su fotografía (además de otras cosas), hablar con alguien externo te puede ayudar exactamente a lo mismo.
Si tu pequeño negocio no acaba de dar el salto; si se parece más a un auto-empleo que a un pequeño negocio; si no te puedes ausentar mucho porque necesitas estar atento a todo, quizá te pueda venir bien tener una mirada externa que te ayude a ver qué
no estás viendo.
Aquí puedes rellenar un formulario y reservar una reunión exploratoria.
Sólo si quieres una opinión externa, claro.
Si estás satisfecho con lo que tienes, entonces nada...