Samuel estaba lanzando su proyecto online de marketing emocional y, de vez en cuando, me llamaba para alguna sesión - a cambio de un arroz con bogavante, que, ahora que lo pienso, nunca acaba de llegar.
Lo que sí han llegado han sido varias barbacoas, que las hace geniales, es cierto.
Pero el arroz no.
Quedamos para hablar por teléfono, esperando que esta vez el arroz se hiciese realidad y le digo que me cuente.
Su proceso comercial, me dice, se estaba atascando en la fase que él llama “negociación del presupuesto”.
Ha tenido bastantes conversaciones con posibles clientes, pero nunca le aceptaban el presupuesto.
“Les encanta lo que les cuento, les parece muy interesante, les gusta… pero luego les preparo una propuesta muy elaborada y se la envío con el presupuesto y… nada, ahí se queda la cosa” me dice.
Básicamente su proceso es el siguiente: lo encuentran por internet, o le llegan por alguna referencia, hablan por teléfono, a veces en persona, y luego, se pasa horas y días preparando una propuesta y un presupuesto.
Envía el presupuesto y… silenciooooo.
Como si todo se lo hubiese imaginado.
Escribe y no responden. Llama y no contestan…
Para que
tengas algunos antecedentes, el negocio de Samuel es “unipersonal”.
Es decir, trabaja mayoritariamente él solo, aunque
colabora con otros profesionales en algunos aspectos (marketing, desarrollo y realización del producto, etc.).
Es
decir, una micro-empresa como tantas y tantas.
Volviendo a la conversación:
Le pregunto: ¿Habéis hablado de dinero durante la entrevista inicial?
“¡Hombre, no!” Me dice, con el tono de que “es que no te enteras”. “No se puede vender algo de este importe así, de sopetón, sin más…”
“Hmmm…” dije yo.
Continúa mi cuñado: “Hay que estudiar bien el cliente, hacer un presupuesto, enviárselo y luego explicarle el presupuesto al cliente, negociar…¿sabes lo que te quiero decir?” (Para que te hagas una idea, lo que mi cuñado vende tiene un precio entre 3.000 y 5.000 €).
“Hmmm”… le dije de nuevo.
“El problema es” - sigue mi cuñado - “que algo que tiene un precio así, hay que ir ganándose al cliente poco a poco, que gane confianza, que vea cómo trabajas… pero, si no contestan al presupuesto, luego no sé cuántas veces
tengo que llamar para ver si logro que me contesten… Vamos que estoy perdido y no sé qué hacer!”
Por no repetir el
“Hmmm…” le expliqué brevemente el proceso que enseño y le conté que, a mi modo de ver, en realidad no estaba atascado en la fase de negociar el presupuesto, sino que en una fase anterior había dejado escapar al cliente… y para cuando enviaba el presupuesto, ya no había “trato” posible.
La oportunidad de venta que estaba persiguiendo ya no existía, excepto en su imaginación.
Así que, como tenía un par de posibles clientes a la vista le propuse algo: Hacerle una pregunta concreta al posible cliente antes de empezar a contarle todo el “rollo” de su servicio y todo eso.
“Hombre, me dice cuando se lo conté, es que eso… no sé… ¿tú crees que funcionará?” Con voz de, por un lado, “cómo no se me ha ocurrido a mí” y, por otro, “no sé si me atrevo…”
Prueba a ver… le contesté. Y así quedamos
1 semana después, llamada de Samuel:
“Cuñao! Ya sé por qué cobras lo que cobras! ¡Si ya decía yo que tenía el mejor cuñao!
Antes de que todos sus halagos sirviesen para que, de nuevo, no se concretara el arroz con bogavante, le pregunté: “Bueno, ¿qué ha pasado?”
“Pues, después de la llamada del otro día, con el primer contacto con el que hablé, la verdad es que no me atreví.”
“Pero con el segundo sí y, no te lo vas a creer, !Me aceptó un proyecto de 4.500 €! ¡Y no le he visto en la vida!”
¿Qué le conté a mi cuñado que le supuso 4.500€ (menos lo que le cueste el arroz con bogavante, si es que finalmente cae)?
Lo mismo que le cuento a mis clientes y lo que enseño en el curso de ventas que pronto va a comenzar…
¿Cuántas horas de presupuestos, de propuestas, de inseguridad, de escribir y llamar… dedicas para intentar cerrar un cliente que luego te da “largas”?
¿Cuántos desvelos intentando acertar con el precio o el presupuesto?
¿Cuántas dudas de si no le parecerá demasiado caro, y si luego lo acepta pensar que has sido demasiado barato?
No hace falta.
De hecho, es contraproducente…
Si te interesa aprender una manera de vender, cara
a cara o por teléfono, en el que siempre estés en control y no te tengas que preocupar de si el dinero les parece mucho o poco…
Un sistema para cerrar ventas en el que siempre sabrás dónde estás y no andarás persiguiendo oportunidades que ya no existen (llamadas que no te devuelven, emails que no te contestan, ya sabes).
Y además, no se notará… sólo tú sabrás que estás utilizando un sistema.
No parecerá, en absoluto, que estás “vendiendo” - aunque no hay nada de malo en ello.
Eso sí… es algo más incómodo que lo he seguramente estás haciendo ahora, así que igual no te va bien. Pero es mucho más efectivo…
Si te interesa vender con más tranquilidad y seguridad, apúntate aquí y te avisaré cuando abra el Curso de Ventas
para No Vendedores…