Tengo que confesar que, como a muchas otras personas, me gusta tener un terrenito, con mi huerto, unos
olivos, unos cítricos, un aguacate…
De hecho lo tengo.
Comemos nuestras propias hortalizas. Utilizamos aceite de nuestros olivos, exclusivamente.
En el otoño-invierno preparo unos caquis desecados que nos duran todo el año y que están riquísimos.
Como al fin y al cabo soy un urbanita que acaba de llegar al campo, como aquel que dice, de vez en cuando miro por internet buscando alguna solución a una plaga, o cómo hacer algo mejor.
Es increíble lo que ahora puedes encontrar en internet. Desde cómo cambiar el hilo del cabezal de una desbrozadora, hasta cómo hacer trampas para plagas.
El caso es que un día encontré en YouTube uno de esos “gurús” expertos que dijo una frase que se me quedó grabada:
Un bosque es un ecosistema perfecto.
Se mantiene a sí mismo, tiene las especies vegetales, animales, insectos adecuadas para retroalimentarse.
Se ha ido generando a sí mismo en función del entorno concreto en el que está.
Las plantas que allí sobreviven es porque tienen lo que necesitan.
Y a su vez, otras plantas y animales se alimentan de ellas, o de sus frutos.
Si el bosque lo comparas con un huerto, en el que todo el espacio entre plantas está limpio y carente de hierbas, todo está con pesticidas, herbicidas, tutores, riego, etc. pues no tiene nada que ver.
Efectivamente, puedes conseguir un huerto más - mucho más - eficiente y productivo así… pero es muy poco natural.
Y lo que no es natural requiere mucha energía mantenerlo.
Un bosque no necesita que hagas nada para mantenerse.
Más bien necesitará que dejes de hacer las cosas que interfieren con su desarrollo.
Un huerto, o
un jardín, necesitan mucha atención.
Muchos cuidados.
Mucho esfuerzo.
En cuanto te despistas se te desmadra la cosa.
Hablando con un cliente hace unos días sacó el tema de la gestión de tiempo. De cómo organizarse para ser más eficaz y dejar de ir de acá para allá empujado por los acontecimientos. De la estructura diaria que podemos intentar implantar en nuestro día a día, para no vernos siempre arrollados por acontecimientos externos.
Está leyendo el libro “Hábitos Atómicos” y le está gustando mucho, al parecer.
Y durante nuestra conversación me vino la idea de un bosque vs un jardín.
Y esta es la idea: La vida es más como un bosque que como un jardín.
Las cosas pasan de manera más o menos fuera de nuestro control.
Nos proponemos objetivos, proyectos, etc., y la parte que nosotros ponemos puede estar más o menos controlada.
Pero fuera de nuestro control está en realidad casi todo.
Probablemente, el 99,9%.
Si queremos que nuestra vida se parezca al jardín de Versailles
(ejemplo de jardín artificial por excelencia), donde cada cosa está milimétricamente colocada, donde no hay sorpresas, donde no nos van nunca a hacer descarrilar, vamos a tener que esforzarnos mucho.
Muchísimo.
Y a la vez estaríamos renunciando a los
felices encuentros, casualidades y sincronicidades en general, que ayudan a hacer de la vida algo creativo.
Y que nos
presentan oportunidades.
Sin embargo, si decidimos alimentarnos de lo que el bosque nos dé (frutas, insectos - hmm -,
animales), podemos vivir con muchísimo menos esfuerzo.
La gestión de nuestra agenda, de nuestras actividades, si no tenemos
cuidado, es como intentar convertir un bosque (la vida) en un jardín milimétricamente diseñado.
Hasta esperamos que los demás,
a nuestro alrededor, se acoplen a nuestro deseo y expectativas.
A veces incluso lo esperamos de nuestras familias, parejas,
hijos.
De hecho, mi experiencia es que en países como EE.UU - al menos en Nueva York, San Francisco y Chicago - e imagino que
en otras grandes ciudades, la gente tiene una agenda social igual de milimetrada que su agenda de trabajo.
Hasta las
relaciones sociales son “transaccionales”.
Como si la eficacia fuese un valor por encima de todo los demás.
Una de las principales diferencias es que uno - el bosque - es naturalmente fructífero, fértil y generoso, mientras que el otro - el jardín
- es naturalmente árido y poco fértil.
Y llevado a los extremos de monocultivo que se ven por el sur de España, la
intervención artificial acaba con los nutrientes de la tierra, las plagas se multiplican y no hay manera de controlarlas (porque no tienen depredadores naturales).
Es decir, una vida más fértil, fructífera y de largueza tiene más que ver con cómo encuentro una manera de vivir dentro de un bosque, sin dejarme llevar completamente por su caos, que con convertir el bosque en un jardín infértil en el que cuesta muchísimo lograr algo (porque la Naturaleza no está poniendo de su parte, ya que nos hemos convertido en sus enemigos).
Otra manera de verlo es que necesitamos instaurar algo de orden en el caos del bosque (en la vida) para servirnos de interfaz y conexión.
Por ejemplo, para seguir la analogía, podemos construir una cabaña para protegernos algo de los elementos, traer agua de un manantial cercano hasta la cabaña, etc.
Pero no intentar convertir el bosque en un jardín.
La vida, al igual que un bosque, está llena de sorpresas, de posibilidades insospechadas.
Y no quiero matarlas.
¡Tampoco quiero que me maten!
En la gestión de mi día a día, es igual: no quiero matar las posibilidades que me ofrece estar dispuesto a vivir en medio del caos, pero tampoco quiero que la total ausencia de estructura acabe conmigo (y con mi proyecto empresarial).
Así que la clave está en que no se trata de gestionar el tiempo (como ya dije hace mucho, la gestión del tiempo no existe).
No se trata de “enjardinar” el bosque.
Se trata de gestionar mis acciones.
O, dicho de otra manera: no hay nada “ahí” fuera que tengo que gestionar, controlar o manipular.
Y
mucho menos, el TIEMPO.
No tengo que hacer que la vida se acople a mis expectativas.
Porque si lo consigo, la habré vaciado de todo lo que la hace atractiva y creativa y fértil.
Es sólo mi propio comportamiento el que necesito controlar en medio del caos.
Y por esto es muy importante recordar que, por ejemplo, la vida familiar - excepto en lo que se refiere a horarios de colegios o cosas similares -, funciona mucho mejor como un bosque que como un jardín.
Algo de estructura, dentro de una caos razonable.
Encontrar ese equilibrio de instaurar algo de estructura sin querer acabar con el caos, es un arte.
Te animo a buscar el equilibrio idóneo para ti.