Tomando un café con unos compañeros hace un par de días me decían que un conocido en común - Jesús, se llama
- está completamente desbordado con su negocio y que le “vendría muy bien” hablar conmigo.
Yo les dije, “Si ya he hablado con
él. Lo que pasa es que no quiere escuchar lo que le digo. Él quiere que el problema que tiene sea el que el dice y resolverlo como él dice…”
Jesús es un ejemplo perfecto de lo que hablaba en el último email.
Trabajador.
Muy trabajador.
Más de lo que te puedes imaginar.
Pero no le interesa demasiado las cosas del negocio.
Los números y todo eso, como él dice.
El piensa que si trabaja mucho, lo demás vendrá.
Pero está ahora con jornadas de 14-16 horas, 6-7
días por semana.
A punto de implosionar.
Necesita pasar a otro “nivel”, pero como decía en el email de la semana pasada, no se puede lograr haciendo más de lo mismo.
Más de lo que no funciona.
Igual que la velocidad de la luz.
Que no es que no se pueda ir más rápido que la velocidad de la luz.
Lo que no se puede es llegar a ir más rápido partiendo desde “nuestras velocidades”.
Cuando he hablado con Jesús sobre su negocio, porque viene a preguntarme, no vayas a creer, en cuanto le hago alguna pregunta sobre cosas de “Negocio” - márgenes de sus productos, costes, beneficios, objetivos… -, se le pone una cara de “Por favor, dime algo que no me aburra. Algo que no me haga tener que cambiar lo que hago. Algo que sea como “magia” y que no se me haya ocurrido a mí hasta ahora”.
Y así no se puede.
Estamos todos viéndolo quemarse poco a poco a fuerza de trabajar.
Y, como no llega a fin de mes, a veces hasta está buscando trabajo de lo que sea: peón albañil, en una mina que hay cerca de aquí, lo que sea.
Por trabajador, seguro que no va a ser.
Pero no dan premios por “trabajador”.
Sólo dan premios si haces lo que tienes que hacer.
No me quiero ensañar con Jesús.
Es simplemente que es un ejemplo perfecto de cómo la clave está en la mentalidad.
En la mentalidad que no me permite hacer lo que tengo que hacer.
Y, leyendo esto, es fácil ser un poco displicente y pensar que “yo no estoy así”.
Pero lo cierto es que conozco a muchas personas que han hecho masters, cursos y de todo y siguen sin ver que no están donde deberían - mentalmente quiero decir.
Utilizan lo que han aprendido, pero desde su mentalidad actual.
Y la mentalidad es de lo más difícil de cambiar.
De hecho, primero necesitas aceptar que tu mentalidad no es la correcta y, además, que no te deja ver dónde está el problema.
Así que, si quieres algo diferente, necesitas decidir que como vas - por dónde vas -, no te va a lleva a donde quieres ir.
Que no se trata de hacer más esfuerzo, ni trabajar más, ni empeñarse más.
Se trata de abordarlo desde otra perspectiva.
Pero las perspectivas no se pueden improvisar, me temo.
Bueno, todo eso para decirte que si ya has
decidido que por donde vas no lo vas a conseguir, entonces quizá te interese lo que te voy a proponer pronto: una manera de hacer el cambio.
Cambio de perspectiva, sí, pero sobre todo orientar este cambio a pasar de auto empleo a un PGN (Pequeño Gran Negocio). Y además, es un trabajo en dos niveles, el cambio de perspectiva se hace conforme vas haciendo el cambio en tu negocio…
Pero bueno, en breve te cuento más. Por ahora, sólo tienes que “levantar la mano” (virtualmente, claro, haciendo clic aquí) y cuando esté más clara la fecha y de qué se trata, te lo hago saber.