El domingo nos levantamos con un incendio al lado.
Había cambiado el viento (bueno, se había levantado mucho viento)…
¿Cómo nos hemos enterado del incendio?
Porque un helicóptero estaba llenando su bolsa de agua en la alberca de la finca de al lado.
Con el ruido, parecía que estaba dentro de nuestro salón.
Llenaba la bolsa una y otra vez. Volvía cada 2-3 minutos. El tiempo que tardaba en llenar, ir al incendio - que estaba muy cerca - y volver.
Obviamente, nos hemos preocupado.
Mi mujer insistía en preparar algo por si nos teníamos que marchar.
He bajado a la zona del fuego,
que estaba a unos 500m. a verlo y ver cómo iba.
Era impresionante ver a los 3 helicópteros que estaban funcionando hacer la
ronda: cargar (ahí, parados en el aire), elevarse, salir disparados hacia el fuego con la bolsa roja llena de agua haciendo péndulo (se podía ver cómo el movimiento de la bolsa hacía moverse al helicóptero), llegar justo al lado de las llamas, bajar lo más posible, abrir la bolsa y elevarse y salir de allí.
Todo esto en medio de un ruido infernal. Por el viento y por los helicópteros.
Además de la pericia de los pilotos (que me han recordado a cuando de joven quería ser piloto), me han llamado la atención un par de cosas.
La primera es lo claro que tienen el proceso, y cómo 3 helicópteros van haciendo sus rondas, echando agua sin interferir el uno con el otro.
La segunda es que me ha traído un recuerdo de algo que leí sobre lo de apagar incendios. Era un especialista en incendios que hablaba y explicaba que no se trata de apagar el fuego.
Se trata de evitar que se propague.
Parece una tontería, pero explicaba el hombre que lo que ocurre con un incendio es que el fuego genera temperaturas altísimas y estas temperaturas hacen que los árboles alrededor del fuego pierdan toda la humedad que tienen en su interior de manera que se quedan secos y se convierten básicamente en inmensa leña seca esperando que les caiga cualquier
chispa.
Por lo tanto, de lo que se trata es de MANTENER HÚMEDOS los árboles que circundan el incendio (seguro que hay mucho
más que esto, pero esta idea a mí se me quedó grabada) para retrasar lo más posible que el fuego pueda expandirse.
Y,
efectivamente, los helicópteros no echaban el agua sobre el fuego, sino sobre los árboles que estaban en el exterior del perímetro del fuego (los siguientes que se iban a quemar, vamos).
Cuando oí esto me di cuenta de como “el sentido común” nos puede guiar mal. Si yo hubiera tenido que apagar un fuego grande, habría hecho todo lo posible por echar agua sobre el fuego.
Lo que los bomberos hacen es echar agua, en el caso de una vivienda, por ejemplo, sobre el techo, tejado, paredes que aún pueden resistir, etc. con la intención de que el fuego acabe de consumir lo que ya está ardiendo, pero no se propague más.
Si lo hiciera a mi manera - o lo que sería lo más intuitivo - nunca acabaría con el incendio.
Bueno, todo esto a colación de que este tipo de situaciones me recuerdan lo que ocurre con los pequeños negocios, que el sentido común nos hace focalizarnos en algo (normalmente el producto o servicio o lo que sea), pero esto no que hace que el negocio
funcione.
Por mucho que nos empeñemos.
Así que si te ves en una situación en la que te estás empeñando y esforzando mucho, pero no logras “controlar el incendio” (es decir, no logras que tu negocio sea un negocio), quizá es que lo que estás haciendo no
es lo que necesitas.
En realidad, hay muchos ejemplos en el día a día de cómo lo que parece más “natural” - lo que el sentido
común nos dicta - funciona CONTRA nuestros intereses.
Por más que nos esforcemos, mientras hagamos lo “intuitivo”, no lo vamos
a conseguir. O más bien, vamos a conseguir lo contrario de lo que buscamos.
Porque, como ya sabemos, lo que uno busca cuando
se pone “por su cuenta”, esta muy, muy lejos de lo que suele acabar consiguiendo.
Sobre todo si hace lo que le dice el
“sentido común”.