…Pequeñas victorias (aparentes) que pueden costarte tus objetivos.
Focalizarse en lo que realmente importa requiere esfuerzo.
Esfuerzo constante.
Siempre hay algo que está exigiendo - incluso a gritos - tu atención: un pequeño error ortográfico que hay que corregir, una llamada entrante, ese email que quieres contestar, las expectativas que otro puede tener de ti, el saber que esto mismo lo encuentras un par de euros más barato en otra tienda en la otra punta de la
ciudad…
Cada una de estas pequeñas victorias aparentes no parece significar mucho. Pero se van añadiendo, acumulando y
conforme pasan los días, las semanas, los meses, acaban por convertirse en puntos de referencia de los que cuesta apartarse.
Y
en lastre que te detiene y te arrastra.
Dejarse llevar por este logro a corto plazo, es decir, corregir este pequeño error
ortográfico, hacer lo que la otra persona espera de ti, contestar el email, ahorrarte unos euros, son pequeñas “victorias” momentáneas que son muy fáciles de sobrevalorar.
De igual manera que es muy fácil infravalorar el arrastre y el efecto que tienen sobre sus objetivos a largo plazo.
De hecho, es muy probable que puedan llegar a costarte tus objetivos.
Es una batalla diaria para mantenerte focalizado en los objetivos a largo plazo y no en pequeñas victorias que producen satisfacción momentánea, pero ni te llevan a donde quieres llegar.
Ni siquiera te acercan.
Si te
acostumbras a ganar esas pequeñas batallas (de no dejarte llevar por la victoria fácil, sino mantenerte en tu “plan) el resultado final será que te acercas, lenta pero inexorablemente, a tus objetivos.
Si, por el contrario, dejas que todas estos pequeños cantos de sirena sean los que definan tu día a día, lo más probable es que acabes en las rocas…
Pero, por si te sirve de consuelo, al menos no estarás solo. Tendrás la compañía de muchos otros que también habrán naufragado por escuchar estos cantos de sirena.
Ya sabes lo que dicen: “mal de muchos…”