La vida es como es, no como me gustaría que fuese.
Creo que el record son 2 años.
Lo que tardó una clienta en finalmente ponerse a mirar a fondo sus “números”.
Confieso que cómo lo logramos fue yéndome yo a su empresa, sentándome con ella y su Excel y poniéndonos a ello.
A la mierda la idea de que el coaching es sólo ayudar al otro a que acceda a sus recursos. Que el coach no tiene que hacer nada.
Hasta entonces, semana sí y semana también, hablábamos de si eran mejor estos o aquellos clientes, de si era mejor esta o aquella estrategia de marketing, de si era mejor contratar alguien con este perfil o con
este otro…
Y la conversación inevitablemente (inevitablemente!) volvía a: “Para ver esto habría que tener datos concretos. Estaría bien que te pusieses a analizar los datos y así podrías, y podríamos, ver los resultados concretos y hablar con más conocimiento de causa.”
Porque, a todo esto, trabajaba y trabajaba, se estaba agotando, pero los resultados no acababan de llegar.
“Tienes razón, Juan Antonio. Es verdad, es que no logro ponerme. La semana pasada me había apartado un hueco para hacerlo por fin, pero resulta que me lié con los calcetines. No sabía cuáles ponerme y cuando me decidí, ya se me
había pasado el hueco… Pero tienes razón. A ver si me pongo”.
Y así 2 años.
Había estado muy ocupada.
Había
tenido visita.
Había estado un poco pachucha.
Había llegado un cliente muy exigente.
Había tenido un problema
personal…
Y así 2 años.
Cuando finalmente nos pusimos, y pasamos 2-3 horas con ello, vio 2 cosas con toda claridad - con toda la claridad que pueden darte los números que llevaba apuntando desde hacía años (porque, eso sí, apuntar los datos,
los apuntaba).
La primera es que tal y como llevaba la estrategia del negocio era imposible que nunca fuese a hacer dinero.
La segunda era que le quedó claro - absolutamente claro - qué cambio tenía
que hacer para lograr hacer dinero con sus proyectos.
Y, claro, por un lado estaba contenta y por otro entre frustrada y avergonzada de haber tardado tanto en ponerse y haber perdido tanto tiempo y tanto esfuerzo.
¿Tardamos 2 años?
¿O tardamos 2 horas?
Pero aunque esto pueda ser el record, no es, ni de lejos, el único caso.
Casos en los que mi cliente “sabe” que hasta que no haga algo concreto (examinar los números, definir más detalladamente la estrategia, elegir los clientes ideales, evaluar concretamente si tal empleado está siendo eficaz…) no va a poder salir del atolladero, o lograr que su negocio se dispare, y, por algo lo pospone, indefinidamente…
Parece que prefiere
soportar las consecuencias de no saber cuál es tipo de cliente más rentable, cuál es la estrategia que más resultados da, qué perfil de persona necesito en este puesto, con todo lo que implica de verse repitiendo situaciones y errores, trabajar de más, ganar menos de lo que podría, pero sobre todo, la frustración, el estrés…
Lo prefiere a hacer lo que sabe que le toca,
pero no le apetece.
Igual te suena a ti…
¿Y por qué no se ponen?
Porque luego suelen preguntarse ellos mismos
esto mismo… La respuesta es sencilla:
La Resistance
Es como la resistencia en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. La Resistance a la ocupación Nazi se dedicaba a sabotear a los Nazis todo lo que podían.
En este caso es al revés - son los malos los que sabotean. El impulso de hacer las cosas correctamente, de ser lo más eficiente, productivo, eficaz y de trabajar con el menor estrés posible, se ve saboteado por la Resistance.
Por tus resistencias
internas.
Estos saboteadores viven dentro de ti y piensan que te están ayudando.
Que te están salvando de un gran peligro.
Del peligro del éxito.
No te vayas a venir arriba...
Es posible que no sea, al menos no solamente, en tu negocio. Quizá sea en otros aspectos de tu vida: tienes resistencias a hacer cosas que “quieres” hacer (al menos una
parte tuya dice que quiere).
¿Cómo salir de esto?
Lo primero, como ya se sabe por la historia de las guerras, es que un enemigo saboteador, no es como un enemigo “ejército” que se enfrenta a ti cara a cara.
Necesitas saber a qué te
estás enfrentando de verdad.
Como ya aprendieron los americanos en Vietnam (entre otros sitios) y los rusos (entre otros) en Afganistán, echar más "fuerza", más "elementos" a la contienda no funciona.
Como les ocurrió a ellos,
enfrentarnos a nuestros saboteadores así, a lo bestia, nos enviará para casa con el rabo entre las piernas.
Y lo segundo es que es necesario algo que hoy día es difícil: aceptar la vida como es.
No como me gustaría que fuese.
Llevar un negocio (o una familia, o una relación, o mantener un nivel de salud) implica ciertas cosas.
Algunas me gustarán más, otras me gustarán menos.
Pero que me guste o no, no afecta a que esto es como es.
Es decir:
1 - No puedo vencer a mis saboteadores enfrentándome a ellos con fuerza bruta solamente (son la Resistance), y
2 - Tampoco puedo mirar para otro lado, porque si no los venzo voy a seguir toda la vida en la misma rueda, repitiéndome en mis errores, en mis límites imaginados, poniendo mucho esfuerzo, frustración, estrés y agotamiento, en lugar de funcionar con precisión, claridad y facilidad.
Porque, no sé si ya te lo había
dicho, la vida es cómo es, no como yo querría que fuese.
Los saboteadores internos me llevan a convencerme de que tengo razón y de que si miro para otro lado y ordeno bien los calcetines, al final, si me esfuerzo en otras cosas y tengo buena intención, tendré el premio.
Porque me lo merezco.
.
.
.
Va a ser que no.