Hoy, como está aún haciendo calor -bueno, aquí en España - porque si me lees desde otra partes, igual te partes de risa.
Pero es
que en España estamos rompiendo todos los récords de temperatura - y me parece que también de secuencia de olas de calor.
Como decía, por el calor - el tuyo y el mío, no vayas a creer - voy a intentar escribir algo más cortito y que puedas luego pensártelo.
También había considerado que quizá mejor que enviarte algo para pensar, escribir algo más “light”, pero como estamos a mitad de agosto y septiembre comienza a aparecer por el horizonte, me parece una buena idea plantar unas ideas en la mente y ver si conseguimos que germinen…
Bueno, al lío.
La sabiduría
La sabiduría puede definirse de muchas maneras, imagino.
A ver, a mí se me ocurren varias, pero todas tienen que ver con una cualidad que es difícil de acorralar.
Y de desarrollar.
Por ejemplo, una persona sabía, suele saber qué hay por debajo de un asunto… y por eso no se deja llevar tanto por lo que aparentemente más llama la atención de una situación concreta.
Por lo más dramático.
Por esto, acudimos (o deberíamos) acudir a una persona más sabia cuando necesitamos una mirada externa que nos ayude, por ejemplo, a tomar una decisión.
Una persona
sabia suele entender lo que la persona que tiene delante necesita - o en qué nivel se encuentra - y por lo tanto se relaciona con ella de manera que le resulte positivo.
Una persona sabia suele saber si vale la pena intervenir en una situación o mejor dejarla pasar. Es decir, tiende menos a dejarse llevar por los impulsos momentáneos.
Y así…
Una persona sabia no es necesariamente quien tiene más “títulos” - curiosamente suele ser lo contrario - sino quien mejor sabe en cada momento lo que toca.
Tiene en mente las motivaciones, las posibilidades, las consecuencias… las de ahora y las del futuro.
Se sabe como un ser que tiene proyección en el futuro y que lo que ahora haga afectará a su “yo” futuro.
Y no sólo a él o
ella, sino a todo su entorno.
Es decir que cuando actúa piensa en términos de “yo”, y también de “los demás”. Y en términos de “ahora mismo” y “el futuro”.
En general, podríamos decir que una persona sabia sabe lo que toca en cada momento, y se comporta de acuerdo con lo que sabe.
Hay diferentes grados de esto, por supuesto, pero creo que por ahí van los tiros.
El ejemplo perfecto de una persona no-sabia es la frase: “Ya sé
que esto no… (no es bueno, no debería, he dicho que no lo haría,…) pero es que…
Normalmente esto refleja una persona que antepone lo que le apetece ahora a lo que sabe que sería mejor que hiciese.
O antepone lo que ella quiere a lo que es
bueno para el entorno, por ejemplo.
Satisface el impulso a corto plazo, de hacer o evitar algo, a cambio de lo que me puede hacer mejorar la situación.
Porque las situaciones se suelen mejorar si cada uno hace lo que “toca”.
Una manera de verlo es que una persona sabia sabe su lugar, su sitio. Sabe lo que toca hacer, y sabe lo que toca decir.
Y, muy, muy importante, y sobre todo: sabe lo que no toca hacer y lo que no toca decir.
Bueno, y qué
Pues que en tu negocio - y en tu vida - necesitas tener una persona sabia.
Un CEO.
Alguien al mando.
Alguien que tome las decisiones necesarias y más pertinentes.
Alguien que piense teniendo en cuenta no solo el momento, sino las consecuencias en el futuro.
Es decir, alguien que obre con algo más de sabiduría.
Y para valorar su trabajo en la empresa, te preguntarías cosas como…
- ¿Cómo lleva la estrategia?
- ¿Los contactos empresariales y de
futuro?
- ¿El diseño del plan de crecimiento?
- ¿La sistematización del negocio?
- ¿Está haciendo crecer claramente el negocio y está claramente más cerca de los objetivos (¿?) de lo que estaba hace un año?
O dirías, pobre, es que tiene mucho lío.
Se pasa el día haciendo el trabajo de un “currito” (dependiendo de lo que tu negocio ofrezca como producto).
¿Un CEO que no hace su trabajo por que tiene mucho lío?
¿Le subirías el sueldo a tu CEO por lo que
está haciendo?
¡¡¡A la calle!!! Dirías.
Y con razón.
Este CEO - en tu pequeño negocio, y en tu vida - eres
tú.
Si no tú, ¿quién?
Un CEO gana mucho dinero.
Y, si lo hace bien, lo vale.
De lejos.
Y tú, en tu empresa, igual.
Tu tiempo vale mucho dinero.
Por lo que puedes hacer crecer tu negocio.
Si lo haces bien.
Vale que también tengas que hacer otras cosas, pero no a costa de dejar las funciones de CEO.
¿Que no te gusta…? ¿Que preferirías que fuese de otra manera?
Como ya dije en el anterior email, la vida es como es (y los negocios, y las relaciones, y la salud). No como me gustaría que fuese.
Así que de lo que se trata es de hacerlo, te guste o no.
Te apetezca o no.
El secreto, la sorpresa está en que una vez que te pones, lo más habitual es que deje de disgustarte y, puede,
puede que hasta te acabe gustando.
Y mucho.
Pero en fin. El caso es que si quieres tener un negocio que funcione, lo más importante es que reconozcas tu papel y te comportes en consecuencia.
Saber tu sitio.
En la vida, en el negocio, en las relaciones, en el trabajo…
Esto es sabiduría.
Igual que la vida llevada con poca sabiduría suele tener una carga de esfuerzo, frustración, estrés - básicamente porque no estamos en nuestro sitio, en la medida en la que uno desarrolla y aplica más sabiduría, la energía de su vida se mueve en dirección contraria: más facilidad, más tranquilidad, más seguridad.
Bueno, por si te lo quieres pensar.