De verdad, me da pena…
De vez en cuando me llama un amigo o conocido y me dice “Tienes que hablar con fulanito. Tiene un negocio de XXX pero no acaba de irle bien… Es muy trabajador, pero…”, y pone voz de
pena…
“La verdad es que no le va bien…”
Lo normal es que yo le diga “Vale. Pásale mi número y dile que me llame.”
“Bueno, no sé si va a querer”, me responde. “No cree mucho en esto del coaching.”
Pues empezamos bien.
“Ok.” Respondo. “Pues nada. Cuando le duela bastante, quizá me llame.”
Porque lo que está claro es que no puedo ser yo quien lo llame…
En ocasiones, la persona finalmente llama o escribe. Me cuenta que le ha hablado XX de mí y que le gustaría hablar conmigo.
Ok.
Le envío un mensaje preguntándole cuándo le viene bien o que escoja un hueco en mi calendario…
Silencio.
Finalmente, en ocasiones, alguno - en ese momento o meses después - llama o escribe - ya con su proyecto en la UCI - y dice que NECESITA hablar conmigo.
Calcularía que de un paso a otro se suelen quedar el 90%. Pero tampoco estamos hablando de números muy altos. Quizá me llegan así 2-3 personas al
año.
¿Y ahora qué hacemos?
Tenemos una primera sesión de exploración.
Mis preguntas, después de los saludos de
rigor, son acerca de qué buscan, qué problema tienen, qué les gustaría conseguir en su negocio.
Qué me cuenten, vamos.
Y, cuando me lo han contado, como tenemos unos 45 minutos, les pregunto qué les gustaría conseguir en esta sesión en
concreto.
La respuesta suele ser que les gustaría que su negocio empiece a funcionar.
Lo que no han conseguido ellos esforzándose durante años, les gustaría resolverlo en 45 minutos.
De la UCI a los Juegos Olímpicos en 45 minutos.
A mí también me gustaría, si te soy sincero.
Sería la bomba.
Pero es muy importante que vean dónde está fallando el negocio.
Identificar el problema es 50% de la solución.
Y casi nunca es en lo que parece.
Sí, por supuesto que harían falta más ventas…
Sí, por supuesto que estaría bien que trabajasen menos…
Sí, por supuesto
que estaría bien que las personas con las que colaboran - si las tienen - trabajasen mejor, o fuesen más eficientes, o…
Pero el problema principal es el enfoque que casi todo el mundo trae.
Y es el enfoque de:
ME ESTÁ PASANDO ESTO (pocas ventas, demasiado trabajo, frustración…)
En lugar de la manera más fructífera de verlo, que es:
ESTOY PROVOCANDO ESTO
(pocas ventas, demasiado trabajo, frustración…) y no veo cómo dejar de hacerlo…
Igualito al que tiene un vicio y no puede dejarlo.
Porque si tienes un pequeño negocio, sea el que sea, el problema (si es que hay un problema) eres tú.
Y también la solución eres tú, claro.
Y por esto el trabajo que yo hago es posible.
Porque, a pesar de que cuando
alguien me llama le parece necesario contarme muchos detalles, en realidad no son necesarios.
Sólo con ver cómo hablas de lo que te pasa, ya está muy claro por dónde van los tiros.
Por dónde cojeas.
Por que, por dónde cojea tu negocio es por donde cojeas tú.
Sin duda.
Y no me refiero a falta de conocimiento
(que puede que también).
Sino a la perspectiva y la mentalidad.
Si no abordas la situación de la manera que pide e insistes en seguir a tu manera, estás generando TÚ el problema.
Lo positivo es que también TÚ puedes generar la solución.
Pero no es tanto trabajar el negocio, sino trabajarse a sí mismo.
Trabajar las resistencias a hacer lo que,
probablemente, en el fondo, sepas que tendrías que hacer.
Y lo que no sepas, lo irás aprendiendo por el camino.
Pero sólo si te pones a superar las resistencias.
Mucho del cambio y la mejora que podemos hacer sobre nosotros mismos - al menos al inicio - viene de simplemente DARNOS CUENTA de cómo nos estamos saboteando, o impidiendo conseguir lo que queremos.
Pero para darnos cuenta, normalmente necesitamos una mirada externa que no esté contaminada de todos mis deseos,
miedos, complejos, frustraciones, deseos no manifestados, etc.
O no.
Quizá puedas conseguirlo sin la mirada externa.
Se ve en cómo va tu negocio y a qué velocidad va mejorando.
- La facturación.
- El margen que te deja.
- El tiempo que necesitas dedicarle.
Lo que veo que hacen muchos es que en lugar de mantener unos baremos fijos y así medir cómo van avanzando, lo que hacen es que van
reduciendo sus expectativas hasta más o menos aceptar cualquier cosa.
Mientras no tengan que cerrar.
Y todo con tal de no cambiar.
Dispuestos a sufrir indefinidamente, en lugar de comenzar el cambio.
¿Conoces a alguien así?