Parece que con el calorcito vienen las canciones del verano y las lecturas del verano.
Las lecturas de verano son una manera de entretenernos… bueno más bien de que nos entretengan.
Nos solemos
referir a lecturas más "light".
Menos densas.
Para pasar el tiempo, entretenernos...
En las vacaciones resulta
que es posible que tenga más tiempo para “mí”.
Y qué hago con este tiempo?
Si no lo lleno con distracciones puede que me aburra (Dios mío!).
O peor aún, que me ponga a pensar, por ejemplo, en hacia dónde voy con mi vida.
Y a hacerme preguntas.
¿Qué hago con esta persona?
¿Con este negocio?
¿Con mi salud?
¿Por qué me trato así?
¿Por qué trato a los demás como los trato?
¿Qué quiero realmente de la vida?
Mal asunto.
Mejor ocupar mi
mente y distraerme.
Porque la vida creativa, razonada, coherente necesita espacios de no-acción.
Espacios “muertos”.
Espacios en los que las necesidades de este momento no vienen impuestas por cosas que tengo que hacer, que esperan de mí.
Sino que en esos momentos “muertos” tengo la mayor de las riquezas: un poco de tiempo a mi disposición.
¿Qué puedo
hacer con este tiempo libre, muerto? Dejar que me entretengan Santiago Posteguillo o Agatha Christie...
Leer, sin duda, implica algo más de participación que ver series: al menos tengo que pasar las páginas yo - o pulsar el botón del Kindle.
No sólo eso, sino que tengo que generar mis propias imágenes basadas en lo que leo y no esperar que me las alimenten desde fuera, como al que le alimentan por que es incapaz de comer por sí mismo.
Porque cuando nos ponemos a ver series en serie, somos como los pajaritos pequeños en el nido, con la boca abierta, esperando que su mamá pájaro les llene el buche con
comida pre-digerida.
Y ya el "no-va-más" de que me alimenten es ponerme a encadenar videos en YouTube, TikTok, stories de Instagram...
Pero si lo pensamos bien hay algo curioso en todo esto.
Conforme se supone que vamos avanzando y “progresando” esperamos tener más tiempo para nosotros (¿o no era así?) y no tener que dedicar tanto tiempo a plantar, recolectar, encender fuego, cazar, etc.
Porque no olvides que todo lo que hacemos desde el punto de vista de trabajo (excepto que
tu trabajo sea algo vocacional que harías aunque no te pagasen) es un substituto de esto: de poner comida en la mesa, un techo sobre nuestras cabezas y ropa para proteger nuestros cuerpos.
Se dice que en el Neolítico el ser humano trabajaba (es decir, se esforzaba para cubrir sus necesidades) unas 14 horas por semana.
Catorce horas.
El resto era tiempo discrecional.
Es decir, tiempo para hacer lo que quisiera - normalmente podría ser hablar con otros, hacer actividades menos
esenciales: trabajar madera, hacer utensilios, hacer música, contar historias y… para simplemente estar.
Mucho de simplemente estar.
Esto último - simplemente estar - es algo que hemos perdido.
Aún se ve en algunos pueblos la gente que sale a sentarse a un banco y pasa ahí la tarde.
Pero, en general, nos da miedo pasar tiempo con nosotros mismos.
Obviamente nuestra esperanza de vida ha aumentado considerablemente desde el Neolítico.
También nuestro “confort”: ya no tenemos que ir al bosque, cortar leña, llevarla a casa, empezar un fuego… sólo con dar a un botón estamos calentitos.
Pero también ha aumentado considerablemente nuestra debilidad. Física (ya no podríamos sobrevivir teniendo que cazar ciervos para comer) y psíquicamente (en cuanto tenemos un contratiempo nuestro día está arruinado).
Y también ha crecido nuestra distancia de nosotros mismos.
Igual no nos lo parece porque pensamos que nos conocemos muy bien (¿quién me va a conocer mejor que yo?, nos decimos), pero se ve fácilmente en el hecho de que no pasamos tiempo con nosotros mismos.
Necesitamos música, alcohol, televisión, series, TikTok, YouTube, cada vez en proporciones mayores, para evitar pasar
tiempo con nosotros mismos.
A solas.
Como cuando quieres a alguien y sólo quieres estar con esa persona.
No
necesitas nada más.
Y acabas por conocerla íntimamente.
Pues esa relación con nosotros mismos la hemos perdido como sociedad avanzada.
Estos días te voy a proponer algo para que pases algo de tiempo contigo mismo.
Como no estamos acostumbrados, te voy a proponer una manera estructurada de hacerlo, para que lo veas como algo útil para tu vida (aunque hay un secreto aquí, que te contaré en otro email).
Es una propuesta para que pases este mes de agosto de una manera diferente: dedicando un poco (un poquito sólo) de tu día a estar contigo.
De manera guiada y estructurada.
Como si
estuvieses haciendo un pequeño “retiro espiritual” diario, pero sin interrumpir tu día a día.
Los que ya lo han hecho me dicen que salen de este proceso en muchas ocasiones habiendo aclarado algo que tenían atascado desde hacía mucho.
En
otras, con mucha motivación para empezar con cosas que tenían aparcadas.
En otras, que han aclarado su relación con alguien.
En fin, que es una propuesta para que este mes de agosto no sea “abandonarse”, ni que sea un mes de pausa en el que
sólo me dejo ir.
Mañana te envío más detalles, pero ya te adelanto que tiene un descuento muy especial, si lo aprovechas ya.