Era el título de una película de Almodóvar. Digo era, porque es de hace tanto, que parece que está en el pasado. Pero la película seguirá llamándose así, digo yo.
Ya sé que no crees que te tienes que
merecer nada.
Como dijo Woody Allen cuando fue a recoger el Óscar: “No me merezco este premio. Pero tengo diabetes y tampoco me la merezco.”
Es decir, no se trata de merecerlo o no.
Pero…
A pesar de pensar que no nos merecemos lo que nos pasa, nos comportamos como si nos mereciésemos algo.
Como si pudiésemos conseguir lo que queremos conseguir (o
nos decimos que queremos conseguir), sin hacer las cosas que nos llevarán allí.
Sólo por lo guapos, o listos, o altos que somos. O porque trabajo mucho...
¿Estarías de acuerdo con la siguiente afirmación:?
El lugar en el que te encuentras ahora mismo en tu vida (y puede ser desde el punto de vista de tu negocio, o de tu trabajo, o de tu salud, o de tus relaciones, porque en realidad funciona de la misma manera), es el resultado de todas y cada una de las decisiones que has tomado hasta hoy.
Y no estoy hablando de las
GRANDES decisiones que tomas.
Estas se toman muy de vez en cuando.
El proceso que solemos seguir para estas decisiones también daría para un rato de charla (brevemente: se me presenta una posibilidad de tomar una decisión, como es importante
investigo el tema, lo comento con las personas en las que confío, o con los que están implicados, lo dejo reposar y… al final hago lo que me apetecía hacer desde el inicio.)
No me refiero a estas. A las decisiones importantes que tomamos muy de vez en cuando y que, por más que intentemos engañarnos, las tomamos de manera visceral o emocional.
No.
Me refiero a las otras decisiones.
A las que parece que no importan tanto.
A las que hagamos lo que hagamos, no les vamos a ver el resultado inmediatamente.
Cada día tomamos infinidad de decisiones.
Casi todas pequeñas.
Sobre cosas aparentemente sin mucha importancia.
Pero son las cosas que realmente tendrán impacto finalmente.
Por
ejemplo: Cada día, en cada comida, decides si vas a comer según te has propuesto (la dieta más sana, o menor cantidad, o lo que sea), o si por hoy te la vas a saltar, porque “por una vez no pasa nada”.
O por ejemplo, si te has propuesto ahorrar un 5% de tu sueldo (o un 1%) y este mes no lo haces porque tampoco es tanto y llevas mucho detrás de tal o cual
cosa.
O, por ejemplo, te has puesto un plan de contactar con 10 nuevos clientes por semana, pero cada día hay otras cosas que podrías hacer también y tampoco es “tan urgente”.
O, tendrías que estar parando y pensando de manera estratégica
sobre tu negocio, pero hoy no…
¿Qué tienen en común estas decisiones?
Que lo que hay que hacer es muy fácil.
- Ponerte un poco menos en el plato.
- Ir
caminando a la tienda.
- Apartar unos euros.
- Hacer una llamada…
- Sentarte con un boli y un cuaderno y escribir sobre tu negocio…
Pero es igual de fácil no hacerlo.
El error se inicia en pensar que el beneficio o el perjuicio se tendría que notar hoy.
Que vas a obtener un beneficio inmediato hoy, en cuanto tomes la decisión y realices la acción “correcta”. El beneficio está en la acumulación sucesiva de estas pequeñas acciones.
- En estar días, semanas, meses siguiendo tu manera más sana de comer.
- En caminar a diario, días, semanas, meses.
- En ahorrar unos euros días, semanas, meses.
- En dedicarte a las tareas básicas, fundamentales de tu negocio, días, semanas, meses.
Al final, en los ahorros, en la salud, en el resultado de tu negocio verás
cómo se acumulan las acciones y producen los resultados.
Lo que hay que recordar es que el perjuicio de las malas decisiones, también está en el largo plazo.
Y por esto, aunque nos tomemos el donuts hoy, no lo vamos a notar.
Si voy en coche en lugar de caminando, por hoy no me va a dar un ataque al corazón.
Si en lugar de sentarme a re-diseñar la estrategia de negocio, sigo trabajando sobre el producto o cosas de producción, no se va a hundir el negocio hoy.
Pero sí a la larga.
Por esto es muy importante tener claro dónde quiero ir y qué acciones me llevarán allí.
Y luego
buscar la manera de hacer estas acciones de manera continuada.
Como ya he escrito muchas veces:
La diferencia entre los que tienen éxito y los que no, es que
los primeros hacen las cosas que los segundos deciden no hacer.
Como te he comentado en otros emails, a mediados de octubre voy a empezar un grupo de mentoría.
No seremos muchos. Si te interesa, házmelo saber aquí, y te enviaré un formulario para empezar organizar el grupo.
Buen fin de semana.