¿A quién echarle la culpa?
¿Sabes que lo que tienes ahora mismo - te guste o no - es el resultado de lo que has hecho hasta ahora, verdad?
De lo que has hecho y de lo que has decidido NO hacer.
Hay aspectos que no puedes controlar: la economía, tu educación, dónde vives, lo que el gobierno hace o no hace.
Ahí no hay nada que hacer: son las cartas con las que juegas.
Lo único que nos interesa es qué haces con lo que SÍ puedes controlar.
Esto es lo único por lo que un día tu yo anciano te pedirá EXPLICACIONES en los últimos minutos de tu vida.
¿Qué hiciste con todo lo que sabías?
¿Con todo lo que te ofreció la vida nada más nacer?
Una situación financiera razonable, una libertad razonable, unas expectativas
vitales razonables, tener prácticamente cubiertas tus necesidades básicas…
Porque podrías haber nacido en Gaza, o en la selva del Amazonas, o en el desierto del Kalahari…
Ahí también, aunque las condiciones serían diferentes, la exigencia
sería la misma: ¿Qué haces con lo que se te ha dado?
Lo que sí se nos puede pedir (y nos reprocharemos no haber hecho) es que vivamos de acuerdo con lo que sabemos que es cierto.
Y estemos a la altura.
De lo que se puede esperar de gente a la que se nos ha dado tanto.
En todos los ámbitos: en lo personal (física, mental y emocionalmente), en lo social, en lo laboral.
Por ejemplo, en tu negocio (por decir algo):
Si ya sabes que la diferencia entre el éxito o penar indefinidamente por llegar a fin de mes es reconocerte y actuar como el empresario que eres y no como profesional...
Si ya sabes que de lo que se trata es que ir pasando la carga “profesional” a otros y dedicarte a hacer crecer tu negocio…
Si ya sabes que un negocio, para estar “terminado”, necesita funcionar sin que tú tengas que estar ahí todo el rato…
Si ya lo sabes, ¿a qué estás esperando?
¿A que alguien cambie las reglas del juego?
¿O piensas que, como eres tan especial, el universo va a hacer una excepción contigo?
Si estás por tu cuenta, es decir, si tienes un negocio, se juzgará (y juzgarás) el éxito o fracaso por lo bien o mal que finalmente vaya tu estudio, despacho, taller, escuela o el chiringuito que hayas montado.
NO POR LO BUEN O MAL ARQUITECTO, INGENIERO, ABOGADO, MECÁNICO, ETC. QUE SEAS.
Para conseguir esto necesitas empezar a hacer cosas diferentes o diferentemente.
Si no, lo más probable es que sigas obteniendo los mismos resultados.
Pero, claro, tú mandas.