"Hay que empezar por el principio" y “despacito y buena letra” siempre lo decía mi abuela.
Y sí, está bien.
Pero es más
importante empezar por el final.
Por tener claro cuál es el final concreto que esperas de esta acción que estás emprendiendo ahora mismo.
Para qué estás haciendo esto que haces.
Concretamente.
¿Cómo te está acercando a tu objetivo principal?
Concretamente.
Ves que repito lo de concretamente.
Es que en las respuestas habituales que nos damos si nos preguntamos esto, que no son concretas, se nos escapa la energía.
Nos “suenan” razonables,
justifican lo que hacemos, y lo dejamos ahí.
Hasta que das con alguien que te lo señala (es bastante desagradable, pero muy útil).
O hasta que das con una situación vital que te lo señala (es mucho más doloroso y puede que no lo
superes).
Para poder decir “concretamente” cómo me ayuda o avanza o acerca a mi objetivo esta acción en la que estoy ahora, primero necesito tener muy claro (y concreto) mi objetivo.
¿No te da la impresión de que la mayor parte de las cosas
que haces son sólo mantenerte ocupado, pero no te mueven “concretamente” en ninguna dirección?
Aparte de hacerte sentir cuánto trabajas, cuánto te esfuerzas, como de ocupado estás, claro.
Sí, hay que empezar por el principio.
El principio es definir el final.