Te invito a una reunión.
Cada vez tengo más claro que, en realidad no sabemos donde vamos.
O para ser más exacto, no sabemos lo que
queremos.
Y si no tengo claro lo que quiero - es decir, la recompensa por la cuál me estoy moviendo, cuando llega el momento de LA DISYUNTIVA tenemos un problema.
LA DISYUNTIVA
Imagina que
para conseguir lo que quieres (que puede ser tener una empresa que facture más, ganar más dinero, tener más tiempo libre, tener mejor salud…) necesitas hacer cosas que puede que en este preciso momento no te apetezcan.
Por ejemplo, llega el momento de: hacer la llamada en frío, revisar y cambiar la web, definir tu Propuesta de Valor, hacer 20 burpees, lo que sea y…. no
te apetece.
No te apetece porque te cuesta.
Así que se produce una disyuntiva.
No una disyuntiva; la
disyuntiva sobre la que finalmente gira casi toda nuestra vida.
A) Sentirme mal ahora (con toda certeza, porque realmente esto no me gusta hacerlo) a cambio de una recompensa (incierta, en un futuro lejano e indefinido),
O
B) Sentirme bien ahora (haciendo otra cosa que me gusta más, o simplemente no haciendo esto que no me apetece).
Hmmmm….
¿Cuál elegirías tu?
Es decir, ¿cuál eliges habitualmente?
Cómo ves, la disyuntiva real está entre: placer incierto e inseguro en un futuro lejano e indefinido O placer seguro y ahora mismo.
Esta decisión se hace aún más difícil con el tipo de
características que estamos construyendo en nosotros mismos (adición a los móviles, al placer inmediato, acceso instantáneo a cualquier cosa que se me ocurra, etc.).
Así que, excepto si el objetivo y su recompensa están muy, muy claros, y son muy, muy potentes, es difícil elegir la acción que me acerque al objetivo.
Y posponer la gratificación ahora.
O aceptar la dificultad ahora.
Por esto es normal que todas nuestras buenas intenciones se queden en eso: intenciones.
¿Cómo interrumpir este patrón?
Hay varios momentos en los que nos “perdemos”, pero el primero y principal está al inicio:
Necesito tener un objetivo que tire de mí.
Que me motive, que me “ponga”. Que me ponga en disposición de esforzarme e incluso pasar por momentos algo duros, con tal de conseguir el objetivo.
Luego, claro está, tenemos que tener una
estrategia para enfrentarnos a los momentos de falta de energía, falta de motivación, duda, etc.
Pero sólo más adelante.
Porque si no tenemos un objetivo bien fijado, nunca va a tirar de nosotros.
Un objetivo bien fijado tira de nosotros como si fuera un imán.
¿Cómo conseguir un objetivo que funcione, que sirva?
Tiene unas características externas e internas.
Primero, hay que empezar por algo que realmente quieras lograr.
Casi nunca es lo que nos decimos.
Mi experiencia en los talleres que imparto (puede que tú
me hayas conocido en uno de ellos), es que aunque pido que os fijéis objetivos SMART, cuando los compartís conmigo, casi todos son inalcanzables (por difusos, inconcretos, exagerados, poco realistas, poco ambiciosos…).
Incluso cuando hemos hablado por teléfono con algunos de vosotros, hemos de hacer un trabajo para empezar a pergeñar los objetivos de manera que puedan
servirnos.
Y, por lo que veo, hablar de ello, explicarlo hasta la saciedad, no es suficiente.
Así que he pensado que voy a hacer una sesión online sobre esto y vamos a hacer varios ejercicios para ayudarte a:
- Averiguar realmente qué quieres;
- Formularlo de manera que logres una conexión personal con el objetivo;
- Ponerte plazos razonables (ni excesivamente exigentes, ni demasiado fáciles);
- Fijar tu siguiente primer paso.
La sesión durará unos 60 minutos, excepto que necesitemos más
tiempo.
Será por Zoom, el día 1 y 2 de septiembre (una vez por la mañana y otra por la tarde).
Si te interesa apuntarte a la sesión de trabajo en vivo, pulsa aquí y te iré enviando algunos documentos de preparación.
Y si no, pues nada.
Pero quizá te interese también lo que os voy a proponer sobre cómo articular tu día a día para que irte poniendo más y más en control de tu vida y lograr más satisfacción.