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He estado escribiendo en el blog de XLNS Coaching sobre las características esenciales del coaching. Sobre qué lo distingue de otras actividades de ayuda, como por ejemplo la consultoría, la terapia, el apoyo, el “mentoring”, dar consejos, animar… Si no tienes tiempo de leer los artículos, resumo aquí en tres líneas lo
que ahí escribo en muchas más: el coaching tiene un paradigma esencial y es que la persona tiene en su interior los recursos necesarios para enfrentarse a lo que la vida le está poniendo por delante, y que el papel del coach consiste, en realidad, en ayudar a la persona a ponerse en contacto con estos recursos. Esto genera más claridad, conciencia y confianza y produce acción en la dirección buscada.
Una de las características distintivas del coaching es que, en principio, el coach ni siquiera necesita saber de qué estás hablando, cuál es tu problema en concreto, para poder ayudarte. Hoy, no obstante, me gustaría hablar sobre el coaching empresarial y en qué sentido es diferente.
Cuando hablamos de coaching empresarial podemos referirnos a varias cosas: coaching a empresarios acerca de su empresa es lo más "inmediato", pero también se utiliza cuando nos referimos al coaching a personas - sean o no empresarios - dentro del ámbito empresarial (trabajadores, ejecutivos, gerentes, etc.). Tiene la característica de que, en principio se espera que el coach - además de estar formado como coach - tenga algo de
experiencia y conocimiento en el sector o en el mundo empresarial. En realidad, esto no debería de ser necesario, como digo más arriba, pero es cierto que si uno tiene experiencia puede interpretar mejor las situaciones y, por lo tanto, ofrecer un mejor servicio.
Excepto en el caso del que hablaré más abajo, el éxito del coaching, sea empresarial o no, es independiente del conocimiento que el coach tenga del sector u actividad del cliente. Si en la relación pesa mucho este conocimiento o experiencia, entonces todo indica que lo que se está produciendo no es coaching sino otra cosa: mentoring, apoyo, consultoría, formación, o lo que sea. Pero existe un caso que, en mi experiencia, es algo
diferente: el coaching empresarial a pymes - incluso micro pymes.
Partimos de la base de que lo que el propietario de una pequeña empresa quiere es que su negocio finalmente despegue, haga dinero, tenga éxito. Que él o ella no tengan que estar 12 horas todos los días para que esto salga adelante, que puedan tener tiempo para estar con su familia, y dinero suficiente para proporcionarles seguridad y un buen futuro... en resumen: lograr los objetivos por los cuáles comenzaron su proyecto empresarial.
Por supuesto, lo que siempre les detiene son dificultades personales y, en principio, el coaching “puro” les podría ayudar. Pero la realidad es que también tienen una gran carencia de formación, información y conocimiento - aunque acudan a todo tipo de cursos y seminarios - y mantienen en general una perspectiva, un enfoque, que no les ayuda a mirar en la dirección adecuada. En mi experiencia, estos pequeños empresarios necesitan una
combinación de consultoría, formación y coaching para lograr dar el salto. Para lograr ponerse realmente en movimiento.
Normalmente, los empresarios trabajan mucho y lo hacen de la manera que creen que deben hacerlo. Pero se comportan de una manera que, en cualquier otro ámbito considerarían poco inteligente: cuando algo no funciona, redoblan sus esfuerzos. Hacen más de lo mismo. Y comienza una espiral en la que, como no podía ser de otra manera, esto tampoco funciona y por lo tanto se frustran y sienten que "a pesar de todo lo que hago, ¡no lo consigo!".
Pero no hacen tantas cosas, sino que hacen mucho de lo que no funciona.
¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué dedican tanta energía a lo que no funciona y no hacen lo que podría funcionar? Pues por uno de los tres motivos por los que no hacemos las cosas: o no saben qué han de hacer, o no saben cómo hay que hacerlo o no pueden hacerlo, aunque lo sepan.
Y es importante saber en cuál de estos tres estados se encuentran. ¿Por qué? Porque, como coach, si aplico mi idea de que la persona tiene en su interior los recursos para lograr lo que quiere, puedo estar meses animando, aplicando recursos, y poniendo esfuerzo en cosas que mi cliente no debería de estar haciendo. Pero, no me doy cuenta!
El cambio de mentalidad
El cambio que tiene que hacer un pequeño empresario, para lograr hacerse con su empresa, es un cambio de mentalidad, de perspectiva, de punto de vista. Tiene que abandonar cómo entiende su negocio o los negocios hasta ahora, y comenzar a interpretarlo de otra manera, de manera empresarial, y no de manera artesanal. Si el coach empresarial no tiene experiencia en negocios, es decir, no ha tenido o no tiene su propio negocio
exitoso, entonces no verá que, por ejemplo, los objetivos o al menos las actividades del cliente están equivocadas ¡porque él mismo tiene una perspectiva errónea!
Recuerdo ir a un centro de apoyo a autónomos y pymes, donde tenían personas de apoyo y asesoramiento. Las personas que atendían eran jóvenes licenciados en economía, administración de empresa, abogados y se dedicaban a asesorar a las personas que quería "emprender". El criterio básico es que había que cuidar el producto o servicio y hacer "networking", y que la mejor publicidad es la de boca a
oreja. Esto es algo que casi todo el mundo cree y "suena" razonable. Tiene el pequeño inconveniente de que no funciona (casi nunca, al menos no de manera predecible), pero a nadie le suena mal. Estos bienintencionados jóvenes, armados de su título universitario y una amplia inexperiencia vital, laboral y empresarial, aconsejando a hombres y mujeres hechos y derechos que se están jugando su pequeño patrimonio para sacar adelante su familia y su vida.
El ciego dirigiendo al ciego. No sé, pero no sé que no sé.
Para que un pequeño empresario salga de donde está (horas y horas sin llegar a obtener los objetivos que busca, sensación de no avanzar, ingresos insuficientes, constantemente apagando fuegos…), necesita enfrentarse con la realidad de que lo que hace es incorrecto, y necesita desarrollar la visión, la perspectiva que más le puede ayudar a ver qué es lo que reamente tiene que hacer y a entender el precio de no hacerlo. El
problema de la perspectiva incorrecta es doble: no ves lo que tendrías que ver, pero no ves que no ves. Es decir, no te das cuenta de que lo ves no es lo que hay.
Principalmente, un pequeño empresario no tiene claro cuál es su papel, cuáles son las cosas que debe hacer y cuáles son secundarias a su papel en la empresa y este es el primer cambio, muy difícil, que tiene que hacer. Como coach, necesito ver y entender si la perspectiva que tiene la persona con la que voy a trabajar es la adecuada para lo que quiere hacer y arrojar luz y ser inquisitivo acerca de esto. Pero si yo no he realizado este
cambio, es decir, si no he logrado poner en marcha una empresa, yo también estoy en el mismo engaño.
Un guía de montaña
En ocasiones se utiliza para el coaching la metáfora del guía de montaña. Sube contigo, porque ya conoce el camino, pero no lo va a hacer por ti, sino que te advierte dónde puede haber peligros, dónde te puedes quedar empantanado, te puede ayudar y animar cuando desfallezcas, y te ayuda a lograr lo que probablemente no hubieras logrado por tu cuenta. Cuando contratamos un guía de montaña,
esperamos que sea alguien que se conozca muy bien el camino. La única manera de conocer el camino es haberlo hecho… más de una vez.
Un coach empresarial, que trabaja con pymes o micro pymes y que no haya tenido sus propios negocios exitosos, es como un ciego que quiere guiar a otro ciego: no sabe el camino y, lo que es peor, no se da cuenta de que no sabe.
Dicho de otra manera: los empresarios de pymes necesitan más que coaching puro. Necesitan consultoría, formación y coaching. En caso contrario se encontrarán haciendo de manera muy eficiente cosas que no deberían de estar haciendo.
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